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“Pero ¿qué necesidad?”. Se pregunta Gerardo Esquivel respecto a las turbulencias de las últimas semanas. El exsubgobernador del Banxico tiene razón en lo que dice y en lo que implica en su artículo de Milenio: “La confianza es como la pasta de dientes, una vez que sale del tubo es imposible meterla de regreso”

Lo que tenemos en este momento es una crisis de confianza. Se expresa en la depreciación del tipo de cambio, que ha perdido casi 16% desde el 31 de mayo. El peso pasó de ser la moneda emergente más revalorada frente al dólar a la más depreciada. Se registra en la balanza de capitales como una salida de 8,233 millones de dólares en el segundo trimestre. Esta salida contrasta con la entrada de 8,647 millones de dólares en el primer trimestre. La estadística oficial dice que la hemorragia financiera fue entre abril y junio. Podemos suponer que la mayor parte de la salida se dio en junio.

¿Qué tan preocupados debemos estar por esta volatilidad? La depreciación del tipo de cambio no es mala en sí misma. En algún sentido, el superpeso no era tan maravilloso. Estaba empezando a generar problemas de competitividad en las exportaciones mexicanas. De hecho, la depreciación del peso contribuyó a producir una estadística positiva: en el mes de julio, México tuvo un crecimiento de 14.7% en las exportaciones. Estas llegaron a 54,789 millones de dólares.

El problema con la volatilidad está en las causas que la provocan. Hay cosas de forma y de fondo. Es la profundidad de los cambios que están operando y la forma en la que estos se están operando. Se ningunea a la oposición que perdió y a las voces de profesionales que no coinciden con el pensamiento único de la 4T. Se tensa o rompe la cuerda con los empresarios y con nuestros socios comerciales.

¿Por qué no hablar de la negación de la realidad? El presidente López Obrador insiste en ubicar en Japón el origen de los movimientos del tipo de cambio. El movimiento del banco central japonés ocurrió el 5 de agosto y tuvo consecuencias brutales, pero los mercados han vuelto a la normalidad desde entonces. AMLO tiene otros datos, dicen sus seguidores. Los demás podemos ver que hay una negación de la realidad que está complicando la toma de decisiones de cara a una tormenta económica que se está formando.

Debo matizar: López Obrador es un animal político sagaz y está leyendo el escenario del final de su sexenio en clave política. Lo que ocurre en el mapa económico sólo le interesa en la medida en la que afecta sus cálculos políticos. No le interesan los detalles de lo económico y confía en que su buena estrella lo acompañará hasta el último día de su administración. No cree que pueda haber una crisis económica, pero se empeña en hacerla venir.

Quiero insistir en la negación de la realidad. La depreciación del peso empezó ocho semanas antes del lunes negro y continúa tres semanas después. Hay una correlación del tipo de cambio y los movimientos en el tablero político. Ayer mismo, el peso se depreció 35 centavos como consecuencia de la pausa en la relación con los embajadores de Estados Unidos y Canadá. Esto es 1.8% en un día en el que Japón estuvo en calma.

Si el equipo presidencial está tomando decisiones con sus otros datos, tenemos un problema: la política está afectando los mercados ahora. Si no se entiende esto y se corrige, empezará a afectar otras esferas de la actividad económica. Hay grandes inversiones que están en pausa, por lo que pasa aquí y por las elecciones de noviembre en Estados Unidos. ¿Cómo sostener la apuesta por el nearshoring si no se quiere jugar con las reglas que impone el T-MEC, si no se atienden las preocupaciones de los inversionistas, si se descalifica a las calificadoras y a otros expertos financieros?

La confrontación con nuestros principales socios comerciales es un problema de fondo. El participar en un bloque comercial nos otorga derechos y nos produce obligaciones. Tenemos compromisos que cumplir y cuentas que rendir. Injerencistas, les llama AMLO a los embajadores de Estados Unidos y Canadá. La injerencia consiste en recordar que firmamos un acuerdo comercial, donde prometimos estabilidad en las reglas del juego.

Este acuerdo comercial tiene que ver con la generación de 7 u 8 millones de empleos directos en México y una cifra quizá mayor de empleos indirectos. Exportaciones por 1,800 millones de dólares diarios. El 53% de la Inversión Extranjera Directa viene de Estados Unidos. Fueron más de 18,000 millones de dólares en el 2023. Más de 2,000 millones de dólares mensuales en el primer semestre del 2024.

“¿Qué necesidad?”, se pregunta Gerardo Esquivel al final de su artículo que se titula “¿De verdad queremos comenzar así?”. Se refiere al sexenio de Claudia Sheinbaum. “Cualquiera pensaría que esta transición debería ser la más tersa en décadas y que no debería haber sobresaltos”, dice Gerardo Esquivel. “Sin embargo, el inicio de la nueva administración se avizora turbulento”. Hay varios frentes abiertos en lo económico, en lo financiero y en lo político, advierte Esquivel. Es un economista que en otros tiempos explicaba la 4T al resto del mundo y ahora parece empeñado en hacer la tarea en sentido contrario: explicar a la 4T lo que sucede en el mundo real.

Quiénes son esos nosotros, podríamos preguntar, tratando de ayudar a Esquivel a encontrar las respuestas: ¿lo que quiere AMLO para el final de su sexenio coincide con lo que necesita Claudia Sheinbaum para comenzar su gobierno?, ¿dónde quedan las preocupaciones del resto de los mexicanos que no forman parte del gobierno saliente ni del entrante?, ¿qué hará el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O?