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¿Qué pasará con Pemex y con México? En todo el mundo, las petroleras están haciendo fuertes recortes a sus planes de inversión.

La industria del petróleo vive una crisis global que no tiene precedentes. El precio ha caído casi 80% desde enero y en algunos lugares de Texas se está vendiendo en 7 dólares por barril. Esto es abajo del precio de producción, pero es mejor para los productores vender barato que pagar el costo de almacenamiento del petróleo no vendido.

La demanda global ha caído 25% como consecuencia del coronavirus. Son 25 millones de barriles diarios que el mundo ha dejado de consumir. La oferta no se ha reducido en la misma proporción porque Arabia Saudita decidió inundar el mercado con su petróleo para “disciplinar” a Rusia y sacar del mercado a los productores no convencionales de Estados Unidos.

Los precios del crudo están en niveles no registrados desde hace tres décadas. Muchas empresas petroleras quebrarán y muchos países petroleros “pasarán aceite”. Rusia necesita precios por encima de 40 dólares para que le salgan las cuentas en su presupuesto. Para Venezuela, la cifra mágica está muy por encima de 50 dólares. En el caso de las empresas, los reflectores apuntan a las petroleras nacidas del boom del fracking en Estados Unidos, en Texas y Oklahoma principalmente. Ellas necesitan precios superiores a 35 dólares por barril para sacar sus costos y pagar las deudas.

¿Qué pasará con Pemex y con México? Mucho depende del presidente López Obrador. En todo el mundo, las petroleras están haciendo fuertes recortes a sus planes de inversión. Es el caso de la italiana Eni; las estadounidenses Chevron y ExxonMobil; la rusa Lukoil; la brasileña Petrobras; la colombiana Ecopetrol; la holandesa Shell; la francesa Total, y hasta la Saudi Aramco.

México no depende del petróleo como antaño, pero las finanzas públicas no se han despetrolizado; 1 de cada 6 pesos que ingresa el gobierno viene del petróleo. El gobierno necesita un barril en torno a 50 dólares para compensar la debilidad del sistema tributario. Tenemos también el factor 4T. El rescate de la industria petrolera es uno de los pilares del proyecto de López Obrador. Decir que el rescate es un proyecto económico es quedarse cortos. Es también político, social e ideológico.

¿Cómo se modifican los planes petroleros de AMLO con el nuevo escenario de precios? Hasta ahora, el presidente no ha hablado con seriedad del tema. “Y su nieve, ¿de qué la quieren?”, contestó cuando le preguntaron si se cancelaría la refinería de Dos Bocas. No sabemos si esto tenga que ver con una estrategia política o con un problema severo para procesar la realidad. El hecho es que la caída en los precios internacionales es un golpe brutal para todas las petroleras del mundo, incluyendo a Pemex. Es inminente la pérdida de grado de inversión y esto traerá problemas para el manejo de una deuda cercana a 110,000 millones de dólares. El golpe no quedará en Pemex. Habrá réplicas para el gobierno y la economía mexicana.

¿Cómo sostener los planes de inversión de Pemex en un contexto donde los problemas internos de las finanzas públicas se cruzan con una crisis global de pronóstico reservado? Habrá una caída en la recaudación de ingresos fiscales del gobierno y una pérdida significativa de volumen de negocio para Pemex, pero el presidente no parece estar listo para poner pausa o renunciar a su sueño petrolero. Los recortes de las petroleras implican una rectificación de los planes que tenían para el 2020 y para el 2021. Casi todas las empresas trabajan con la hipótesis de que no se trata de una crisis pasajera, sino de un reacomodo global que tardará varios trimestres en resolverse. ¿De dónde saldrá el dinero para “rescatar” a Pemex? ¿Vale la pena insistir en el rescate de Pemex, aunque sea a costa de sacrificar la economía mexicana?