AMLO 1/12: primera lectura


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Carlos MarínEl asalto a la razón

Del primer día como Presidente de Andrés Manuel López Obrador sobresalta la cínica desfachatez con que las bancadas legislativas de Juntos haremos historia interrumpieron su discurso en San Lázaro para enumerar coreando, del 1 al 43, a los jóvenes de Ayotzinapa.

Del primer día como Presidente de Andrés Manuel López Obrador sobresalta la cínica desfachatez con que las bancadas legislativas de Juntos haremos historia interrumpieron su discurso en San Lázaro para enumerar coreando, del 1 al 43, a los jóvenes de Ayotzinapa.

Enquistados muchos de ellos y otros comparsas del PRD, cuando el hoy jefe del Poder Ejecutivo Federal militaba en ese partido, apoyaron la candidatura de José Luis Abarca, ahijado político de su predecesor en la alcaldía de Iguala, Lázaro Mazón… el precanditado de AMLO a la gubernatura de Guerrero.

El orador hablaba de la seguridad cuando se dio el conteo, y éste le dio pie para reiterar que se creará una comisión de la verdad.

Fueron los diputados de Morena y los partidos del Trabajo y Encuentro Social quienes, en la primera sesión de la actual legislatura, cometieron a coro la misma estulticia, a sabiendas de que, con excepción del PES, sus militantes gobernaban el estado y muchas de las alcaldías en que la delincuencia organizada era la verdadera autoridad porque, como el matrimonio Abarca-Pineda con Mazón como padrino, trabajaban para ella.

Se quieren vacunar y gritan “¡al ladrón, al ladrón!”, con la ilusa esperanza de que se responsabilice a instituciones federales del crimen que tanto influyó para el desinfle del aborrecido PRI… sin reparar en que escarbarle más al caso de Los 43 asesinados por una banda de narcotraficantes lleva, irremediablemente, a la exhumación de complicidades políticas en que, sin deberla ni temerla, está implicado Andrés Manuel López Obrador.

Entre los detalles del mensaje (el mismo para los públicos de San Lázaro y la Plaza de la Constitución), lo del “me canso ganso” era innecesario; lo de “la mal llamada reforma educativa” es tan incorrecto como decir “el mal llamado Paseo de la Reforma” (quiso decir “la reforma mal llamada educativa”); sobró aquello de “primero muerto que traicionarles”, y ya cansa la recurrencia a frases y lugares comunes del polvoriento siglo XIX, que remiten a las estampitas escolares de los héroes y a las reduccionistas anécdotas biográficas en los libros de texto gratuitos.

Pero no son los detalles formales ni los comportamientos irresponsables y autogoles de las bancadas lopezobradoristas las que perfilan el más o menos del rumbo que tomará el nuevo gobierno, sino las conceptualizaciones de fondo.

Es de preocupar que, con datos por completo falsos, persista en su despreciativa y eutanásica descalificación de una institución que necesita mucho pero desconoce para intentar la paz a que aspira: la Policía Federal.

Irreprochable, en cambio (aun por ingenuo que suene), todo lo que se propone hacer a favor de los pobres, pero nada conciliador cuando sigue hablando de sus “adversarios”, y alevoso al afirmar que de 1982 a 2018, mediante la corrupción “neoliberal” y el desprecio al pueblo, los gobiernos solo sirvieron para enriquecer a una “minoría rapaz…”.

  1. El sueldazo del presidente Juárez

    Al reprochar que la Suprema Corte suspendiera la nueva Ley Federal de Remuneraciones, Andrés Manuel López Obrador volvió a atribuir a los ministros ganar más del doble de lo que perciben: "Si ellos resuelven que van a seguir recibiendo sueldos exagerados, estratosféricos, de hasta 600 mil pesos mensuales, están dando un mal ejemplo", dijo, y los acusó de ser "deshonestos e insensibles".

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