Los triunfos de la izquierda en las presidenciales de Perú, pero sobre todo en Chile, suponen un viraje en América Latina, que tendría sus próximas estaciones en Colombia, Brasil y México, dentro de dos años.

Antes, Andrés Manuel López Obrador quiere ratificar su mandato en las urnas. Y después, emprender el último tramo de su sexenio con la fuerza necesaria para cimentar la Cuarta Transformación, entregar el poder y retirarse a La Chingada, su finca en Palenque, Chiapas.

Su lectura de los sondeos de opinión es irrefutable: dos tercios de los ciudadanos aprueba su gestión como presidente de México y apenas uno de cada cuatro estaría en su contra. El acuerdo presidencial, empero, no refleja un respaldo acrítico a su gabinete.

Todo lo contrario. Las encuestas más recientes reflejan un fuerte crecimiento del malestar social junto con una marcada baja de sus expectativas a futuro. Y mientras la Covid-19 transita a convertirse en una enfermedad endémica, entre los mexicanos crecen las preocupaciones por la recesión económica. Pocos creen que su situación personal mejorará en el 2022, mientras que la mayoría espera que empeore la economía del país.

El humor social —como refleja una lectura a profundidad de las redes sociales—, está cargado de negatividad. El desencanto con AMLO se duplicó en el último año y medio —de acuerdo con el reporte más reciente de la agencia Dinamic Co— y sucesos recientes (como el derrumbe de la estatua erigida en Atlacomulco para honrar al presidente tabasqueño) son señales ominosas de una creciente descomposición.

Pero confiado en sus datos, en su intermitente pugilismo moral y en el aparato de movilización de Morena, el político tabasqueño prometió dejar Palacio Nacional si la consulta sobre la revocación —su realización todavía es incierta; aún más, la fecha para su celebración— no le resultara favorable. El requisito establecido en la Constitución para que el porcentaje de participación hiciera vinculante un resultado adverso no serían una limitante. La última participación de AMLO en un ejercicio democrático tampoco podría —en cualquier caso— resultar un augurio para el 2024.

El triunfo en Chile de un joven representante de la izquierda democrática tampoco puede ser admonitorio para la competencia electoral mexicana. Decidido a forjar una nueva historia para México, AMLO rompió al viejo sistema partidista y formó un gobierno con antiguos compañeros. Sólo Irma Eréndira Sandoval y Luisa María Alcalde podrían concretar la promesa de un relevo generacional en el 2024, pero no será así.

AMLO pertenece a la generación que en 1994 pactó la alternancia en el poder. Tres décadas después, no ocurriría un relevo generacional, por lo que ahora está perfilado.

La unción de Gabriel Boric en Chile será una comparación forzada, un lejano referente. La sucesión del 2024 se resolvería entre políticos de la vieja guardia y AMLO sería el factótum.

El encono y la polarización han hecho de la política partidista un terreno infértil. La ausencia de una figura opositora de amplia aceptación hizo que Luis Donaldo Colosio Riojas registrara en la encuesta de presidenciables de Grupo Reforma, más por la recordación del nombre del malogrado candidato presidencial del PRI que por algún mérito de su heredero.

¿Una luz al final del túnel? Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard —ya quedó claro— no serán los únicos protagonistas de la carrera en el 2024. Morena —también es evidente— podría sufrir una fractura si la definición del candidato presidencial es una simulación.

¿Podría funcionar un frente amplio antiAMLO? No, en el corto plazo, pero el fenómeno Colosio abre un nuevo escenario.

Efectos secundarios
SILENCIOSOS. No sólo el monrealismo vive un periodo crítico, tras del encarcelamiento de José Manuel Del Río Virgen en Veracruz. El primer círculo del ebrarismo sufrió una sigilosa sacudida hace dos semanas, que tuvo su expresión más significativa en la separación de José Antonio Domínguez Carballo de la Unidad de Administración y Finanzas de la Secretaría de Relaciones Exteriores, aunque la limpia fue extensa y tocó a mandos medios de distintas áreas de la cancillería —bajo sospechas de licitaciones amañada y cobro de moches— antes de que el órgano interno de control sancionara a los involucrados. Bajo la lupa estarían también la directora administrativa, Evelyn López y la directora de Adquisiciones y Contrataciones, Isis Alcíbar Flores.

OMISOS. La buena noticia es la llegada de dos mujeres a los puestos de mando del Inegi y del Banco de México. La mala, que la Junta de Gobierno del órgano autónomo responsable de las estadísticas nacionales quedó incompleta, sin que el Ejecutivo federal aun proponga una terna para ocupar la vacante que deja Julio Santaella. ¿La peor? Que el IFT y la Cofece también están incompletos y con presidentes interinos.