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En un pasaje de Sense and Reality Isaiah Berlin se pregunta si la historia es reversible, si la historia puede dar marcha atrás, borrar sus pasos y empezar de nuevo, digamos, en el siglo XIV.

Es decir, si todos los logros que se dan por avances irreversibles de la civilización, o de una época, o de una región del mundo, o de un país, pueden ser echados atrás, devueltos al pasado, retrocediendo en vez de avanzando, contra lo que es la presunción implícita en la misma palabra civilización.

La certidumbre filosófica y cotidiana vigente desde la Ilustración, es que hay un sentido en la historia y que ese sentido es avanzar, mejorar, progresar. Imposible negar el sentido progresivo de la historia en la ciencia y en la tecnología: la aspirina es superior a la herbolaria egipcia y el celular a todos los instrumentos de comunicación inventados hasta ahora.

Pero la pregunta de Berlin es justamente si eso también puede ser vuelto atrás, por la fuerza de un liderato político impensable para la conciencia histórica progresista, pero producible por la combustión errática e inesperada de la historia. “Lenin, Hitler, Stalin y sus seguidores menores en todas partes”, dice Berlin, “con sus actos más que con sus preceptos han demostrado la verdad, horrible para algunos, confortante para otros, de que los seres humanos son mucho más moldeables de lo que pensamos, y de que con voluntad de poder, fanatismo, determinación, y circunstancias favorables, casi todo puede ser alterado”, en el sentido de borrado y echado atrás.

La pregunta de Berlin se refiere a la de tragedia de la conciencia progresista frente a la brutalidad real del siglo XX.

Precisamente porque tiene esa dimensión, esa cobertura enorme, sirve para pensar en riesgos menos graves, regresiones más locales, menos absolutas. Me temo que entre más pequeño el periodo de tiempo y el territorio físico de que hablemos, más fácil es regresarlo todo atrás.

Regresar Nicaragua a los tiempos de Somoza, como estamos viendo, es más fácil que regresar Alemania y Europa a los tiempos de Mussolini y Hitler.

Lo pequeño y simple es más fácil de regresar a su estado anterior que lo grande y complejo. Pero ni lo grande ni lo pequeño están a salvo de la regresión.