Prometer y cumplir

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Héctor Aguilar CamínDía con día

Una vez que las cosas no han podido resolverse sino prometiendo grandes transformaciones, los beneficios de las transformaciones tardan mucho en llegar

El tiempo se va muy rápido. Estamos ya frente a la elección intermedia de un gobierno que prometió cambiar la historia.

Creo que ha quedado claro para los mexicanos que es mucho más fácil prometer grandes cambios que hacerlos. Y que cambios revolucionarios o proyectos de gobierno que se presumen tales, tienen altos costos antes de mostrar sus prometidos beneficios. Es la enseñanza invariable de guerras y revoluciones.

Una vez que las cosas no han podido resolverse sino prometiendo grandes transformaciones, los beneficios de las transformaciones tardan mucho en llegar.

En todo tiempo y lugar han sido más duraderos y menos caros los cambios lentos y graduales que los rápidos y radicales.

Las sociedades gradualistas han sido al final más transformadoras que las revolucionarias. Pero hay algo agitado en el corazón de la historia que necesita remolinos y huracanes, aceleraciones locas, prisas incontenibles.

A propósito de las reflexiones de Burke sobre la prudencia como maestra deseable de la historia, John Maynard Keynes dejó un ensayo, escrito en 1904, que no publicó nunca en vida pero que fue incluido en The Essential Keynes (Penguin, 2015).

Escribió ahí Keynes: “Nuestro poder de predicción es tan leve, nuestro conocimiento de las consecuencias remotas tan incierto, que muy rara vez será una decisión sabia sacrificar el bien presente por una dudosa ventaja futura”.

Esto es lo que ha hecho el Presidente mexicano de la llamada 4T, y lo ha hecho a paso redoblado, según su mismo dicho, tratando de que su sexenio dure el doble, porque él trabaja el doble de horas. Bueno, estamos en la inminencia de las elecciones intermedias de ese gobierno, y nos toca decir a los electores, este domingo 6 de junio, si hemos recibido el doble de la mitad prometida.

Y si queremos otro tanto de paso redoblado o queremos el paso de un Presidente menos acelerado, pero que empiece a entregar los beneficios históricos prometidos. El tiempo del Presidente se ha ido rápido, empieza a agotarse. Las esperanzas que sembró no se han muerto, pero siguen tan incumplidas como al inicio.

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