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Se dice que, además de la popularidad del Presidente, sus programas sociales traerán muchos votos a las urnas, la adhesión de millones de ciudadanos que reciben dinero en efectivo. Es cierto, la red de beneficiarios de los programas sociales del gobierno puede darle muchos votos a Morena.

¿Cuántos? Imposible decirlo. La extensión y efectividad de esa red de beneficiarios son un misterio.

Según el diseño original de los programas, el gobierno iba a tener para 2021 24 millones de beneficiarios.

A fines del año pasado, sin embargo, en el registro oficial de Hacienda había 16 millones. Si estos 16 millones votaran todos por Morena y sus aliados, ganarían la elección.

Pero no hablamos de votos automáticos, hablamos de un techo máximo, no de un voto cautivo seguro. Los programas sociales explican en algo los números positivos de López Obrador, pero sus votos no se hicieron presentes en las cinco elecciones locales de 2019, donde el PAN obtuvo más votos que Morena, ni en las elecciones de Hidalgo y Coahuila de 2020, donde el PRI barrió a Morena.

El gobierno obtendrá muchos votos de sus programas sociales, pero ha perdido en estos años a muchos votantes estratégicos que tuvo en 2018.

Pienso en franjas de la clase media educada, en la comunidad académica, científica y universitaria, en empresarios, intelectuales, en la comunidad médica. Y en las mujeres. El Presidente ha proyectado la imagen de que no escucha a las mujeres. Ha suprimido estancias infantiles.

Ha limitado el acceso a medicinas para niños enfermos de cáncer. Ha defendido candidatos acusados de ser violadores. Ha llamado simuladoras a las feministas. La posición relativa del gobierno ante muchos de sus votantes entusiastas de 2018 está disminuida. Como disminuida está su conexión con los votantes de Ciudad de México a resultas de la tragedia de la Línea 12.

El gobierno tiene peso en los contingentes del voto clientelar, pero ha perdido apoyo en los contingentes del voto voluntario. No es buen augurio para la causa gubernamental. Los votos perdidos anuncian ya una elección competida, diluyen la épica, el entusiasmo, las ganas de creer en que vino envuelto el triunfo lópezobradorista de 2018.