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México no encuentra manera de contentar a Trump: durante los primeros cinco meses del año, este gobierno disparó las expulsiones de migrantes, tanto que las triplicó, con 45 mil 370 deportados. Sin embargo, ayer dejaron en sala de espera a nuestro canciller en Washington.

Nada. Ni siquiera que, en el mismo tiempo, México incluyera en el paquete de deportados a 10 mil 542 infantes y jóvenes de uno a 17 años, según datos del Instituto Nacional de Migración y en coincidencia con los llamados de Trump a México para detener el flujo migratorio.

Sin embargo, ayer, el secretario de Estado, Mike Pompeo, se disculpó por no poder recibir al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, en Washington, porque “tuvo una reunión de emergencia”, y lo citó de nuevo para hoy en la Casa Blanca.

Y no se puede negar que la 4T lleva la relación con Trump tal como hacen el amor los puercoespines: con mucho cuidado. Porque el presidente es el primero en poner la otra mejilla ante cada guantazo de su homólogo estadounidense.

De hecho, el presidente aseguró antier que la relación con Trump es de “amor y paz” porque, mientras Trump le declara la guerra comercial a China, a México retiró los aranceles al acero y al aluminio. “Nosotros no queremos pleito”, dice el mandatario mexicano.

Pero Trump quiere más mejillas. Antier, denunció que México “básicamente no está haciendo nada por evitar que inmigrantes ilegales lleguen a nuestra frontera sur y, por eso, pronto tomaré medidas en respuesta”.

¿Básicamente México no está haciendo nada? Pues qué más quiere el señor presidente, si, con la 4T, uno de los países con más tradición de asilo en el mundo, como lo es México, hasta endureció sus políticas de recepción de migrantes, en especial centroamericanos y cubanos descendieron en los primeros cinco meses de este año, aunque el discurso oficial habló al inicio de un enfoque “más humanitario, más abierto”.

Vamos, el presidente llegó a anunciar que ayudaría a detener el flujo de migrantes centroamericanos a Estados Unidos otorgándoles visas de trabajo en nuestro país, y hasta que en Chiapas, el estado más pobre de México, había capacidad para darles 80 mil empleos.

Aun así, Trump insistió el martes en que “México está equivocado: cree que la gente de otros países, incluidos los mismos mexicanos, deberían tener el derecho a pasar libremente a Estados Unidos y que los contribuyentes estadounidenses paguen eso”.

Sin embargo, en su decisión de regular la migración, tanto por decisión propia como por conversaciones bilaterales con Washington, el gobierno mexicano deportó, solo en abril, a 15 mil migrantes, que es la cifra mensual más elevada desde 2015.

Mientras, ahí está el dato:

México triplicó las deportaciones de migrantes.