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Vaya que el gobierno de Enrique Peña Nieto hizo muchos trabajos sucios para la administración entrante de Andrés Manuel López Obrador. La más desaseada de las encomiendas fue desaparecer del mapa para dejar el campo libre al ejercicio de un gobierno que sólo mantenía el carácter de electo.

Pero ciertamente dejar de aplicar un subsidio al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) que se cobra a las gasolinas no está en el catálogo de los sacrificios que hizo Peña Nieto por López Obrador.

La suavización de los impuestos a las gasolinas, para paliar los aumentos de los precios de mercado de estos combustibles, fue una respuesta política a una decisión financiera que llegó mal aplicada y en un pésimo momento.

La liberación de los precios de los hidrocarburos era necesaria, pero su ejecución fue desastrosa. Sobre todo en un país al que educaron con la creencia de que teníamos el derecho divino a los productos de Pemex a precios bajos.

Las reglas de la suavización fiscal marcaron desde el principio que el subsidio a las gasolinas por la vía del IEPS se mantendría hasta el momento en que bajaran los precios de estos combustibles. Es justo lo que ha ocurrido en el mundo.

Ahora, no hay duda de que el IEPS cobrado completo a las gasolinas, que además es muy alto, le va a venir muy bien al gobierno de López Obrador para su primer Paquete Económico.

Lo que debe seguir es que veamos que empiecen a bajar los precios de las gasolinas y no será gracias a la cuarta transformación sino al derrumbe de los precios del petróleo.

En menos de dos meses, los precios del petróleo han caído más de 35 por ciento. Los barriles que en octubre costaban 75 dólares ahora están retando la barrera de los 50 dólares por barril.

El precio de las gasolinas en México está determinado con base en el precio de la costa del golfo de los Estados Unidos. Esto porque la mayor parte de las gasolinas que se importan es de esa región.

A ese precio de referencia, actualmente en torno a los 2.30 dólares por galón, unos 11.80 pesos por litro, hay que añadir los costos de traslado, almacenaje, distribución y el margen de venta de los gasolineros.

Y, por supuesto, después vienen los impuestos. Además del IEPS se cobra el Impuesto al Valor Agregado.

Entonces, en estas semanas pasadas de baja en los precios de las gasolinas, el que ganó el diferencial fue el impuesto que dejó de subsidiarse.

Pero ahora que ya se cobra el impuesto completo, lo que sigue es que los consumidores pudieran ver una baja de algunos centavos en el costo de los combustibles. Ya vimos que los aumentos en los precios internacionales de las gasolinas pasaron rápidamente al bolsillo de los consumidores. Debería tener también buena velocidad el traspaso del beneficio.

La gasolina de la costa del golfo, esa que ahora anda alrededor de los 11.80 pesos por litro, estaba en los 13.50 hace un mes, por lo que sí habría margen para una baja.

Ahora, si no se ve un decremento importante en los precios de las gasolinas, también tendrá que ver con los niveles que ha alcanzado la paridad peso-dólar. Ahí sí está claro que la depreciación cambiaria es responsabilidad el gobierno que viene.