Minuto a Minuto

Internacional Hallan 2.9 toneladas de cocaína en Manta, Ecuador, durante toque de queda
Esta y otras medidas no evitaron que Ecuador cerrara 2025 con una cifra récord de 9 mil 283 homicidios, siendo el país más violento en LATAM
Deportes Accidente en Grandes Ligas: pelotazo manda al hospital a Alex Bregman
Present{o una herida debajo del ojo, sangrado nasal e inflamación; fue llevado a un hospital para someterse a radiografías y una tomografía
Economía y Finanzas Carlos Slim, galardonado por su labor en los negocios y la filantropía
El galardón será entregado el próximo 18 de noviembre durante una ceremonia en el Museo Soumaya de la Ciudad de México
Nacional Normalistas bloquean Autopista del Sol para exigir justicia por los 43
Reclamaron al gobierno federal acceso a los folios que, aseguran, permanecen en poder de la Sedena y podrían contener información relevante
Nacional Asegura García Harfuch que el gobierno mexicano combatirá la impunidad en casos de feminicidio
"Cuando no se ha logrado, lamentablemente, impedir que una mujer sea víctima de esta violencia, nuestra obligación es actuar de inmediato para esclarecer los hechos, detener a los responsables y combatir la impunidad", expuso García Harfuch

Con sorpresa, luego con tristeza, he acudido en los últimos días a la crítica de un personaje público a quien conozco de cerca desde hace más de 20 años.

Hablo de Eduardo Medina Mora, actual candidato a la Suprema Corte y embajador en Washington, antes embajador en Londres, antes procurador general de la República, antes secretario de Seguridad Pública, antes primer director del Cisen de la alternancia democrática.

Lo que leo contra Medina Mora se corresponde con su imagen pública como funcionario. No se corresponde sin embargo, en absoluto, con la persona que conozco y he tratado estos años.

Las acusaciones a Medina Mora aparecen en las palabras de sus críticos en vecindad con la caricatura, cuya índole, como se sabe, es exagerar hasta la irrealidad rasgos reales.

Acusan a Medina Mora de impugnar demasiadas veces a legislaturas estatales por leyes locales que contradicen la Constitución, de haber detenido y no haber podido probar la culpabilidad de 34 alcaldes michoacanos coludidos con el narco, de haber violado derechos humanos en intervenciones policiales en Atenco y Oaxaca, de haber encarcelado a mujeres indígenas por falsos cargos de secuestro de policías, de haber sido agente activo de la guerra contra el narco del presidente Calderón.

Todas estas acusaciones son debatibles. Creo que Medina Mora podría rebatir unas y explicar otras. Tengo en mi poder respuestas suyas a todas estas cosas. Pero no soy yo, sino Medina Mora, quien debe hacer públicos sus alegatos. No discuto con sus críticos, muchos de ellos tan respetables y cercanos a mí como el propio Medina.

Quiero solo añadir al debate mi testimonio de 20 años de trato con Medina Mora: la naturalidad sostenida de su inteligencia y su integridad, su calidad como ser humano, como jefe de familia y como profesionista, como hombre de responsabilidad dispuesto a asumir riesgos bajo la convicción de que su trabajo puede hacer una diferencia en la vida pública: lo que entendemos, en buena ley, como sentido del Estado.

Este es el Eduardo Medina Mora que conozco. Quiero dejar constancia de él.  

[email protected]