Minuto a Minuto

Internacional Machado convoca concentraciones en más de 120 ciudades en apoyo a los presos políticos
"Ellos y sus familias necesitan de nuestra voz, necesitan de nuestra fuerza y por eso alzaremos nuestra voz este domingo 3 de mayo", anunció Machado
Nacional Congreso de Sinaloa convoca a sesión extraordinaria para analizar licencia temporal de Rubén Rocha Moya
La sesión fue convocada tras la solicitud de licencia de Rocha Moya ante la investigación de la FGR por presuntos nexos con el narcotráfico
Nacional Cortes de agua afectarán colonias de Tláhuac y Cuajimalpa por trabajos de reparación
La Segiagua prevé que el suministro de agua quede completamente restablecido el 6 de mayo en las colonias afectadas de Cuajimalpa y Tláhuac
Deportes ‘Chepo’ de la Torre pide paciencia para México en el Mundial
'Chepo' De la Torre consideró que el plantel que dispute el Mundial 2026 no puede subestimar ningún factor dentro o fuera de la cancha
Internacional El apagón de internet en Irán desata críticas por el acceso privilegiado de una minoría
Irán afirmó que, si se restablece el internet, mercenarios podrían organizar concentraciones a través de redes sociales

Con sorpresa, luego con tristeza, he acudido en los últimos días a la crítica de un personaje público a quien conozco de cerca desde hace más de 20 años.

Hablo de Eduardo Medina Mora, actual candidato a la Suprema Corte y embajador en Washington, antes embajador en Londres, antes procurador general de la República, antes secretario de Seguridad Pública, antes primer director del Cisen de la alternancia democrática.

Lo que leo contra Medina Mora se corresponde con su imagen pública como funcionario. No se corresponde sin embargo, en absoluto, con la persona que conozco y he tratado estos años.

Las acusaciones a Medina Mora aparecen en las palabras de sus críticos en vecindad con la caricatura, cuya índole, como se sabe, es exagerar hasta la irrealidad rasgos reales.

Acusan a Medina Mora de impugnar demasiadas veces a legislaturas estatales por leyes locales que contradicen la Constitución, de haber detenido y no haber podido probar la culpabilidad de 34 alcaldes michoacanos coludidos con el narco, de haber violado derechos humanos en intervenciones policiales en Atenco y Oaxaca, de haber encarcelado a mujeres indígenas por falsos cargos de secuestro de policías, de haber sido agente activo de la guerra contra el narco del presidente Calderón.

Todas estas acusaciones son debatibles. Creo que Medina Mora podría rebatir unas y explicar otras. Tengo en mi poder respuestas suyas a todas estas cosas. Pero no soy yo, sino Medina Mora, quien debe hacer públicos sus alegatos. No discuto con sus críticos, muchos de ellos tan respetables y cercanos a mí como el propio Medina.

Quiero solo añadir al debate mi testimonio de 20 años de trato con Medina Mora: la naturalidad sostenida de su inteligencia y su integridad, su calidad como ser humano, como jefe de familia y como profesionista, como hombre de responsabilidad dispuesto a asumir riesgos bajo la convicción de que su trabajo puede hacer una diferencia en la vida pública: lo que entendemos, en buena ley, como sentido del Estado.

Este es el Eduardo Medina Mora que conozco. Quiero dejar constancia de él.  

[email protected]