Posible mujer más vieja del mundo llama a su edad un “castigo de dios”


Foto de East2West News
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"Recordando a mi infeliz vida, deseo haber muerto cuando era joven. Trabajé toda mi vida. No tuve tiempo para descansar o divertirme", comentó Koku Istambulova, quien dice tener 128 años de edad


Mientras muchas personas consideran una larga vida como una bendición, para Koku Istambulova, una mujer rusa de 128 años edad, su longevidad no se trata de algo bueno, sino de un castigo impuesto a ella por dios.

Si los datos de su pasaporte interno son correctos, la mujer oriunda de Chechenia habría nacido el 1 de junio de 1889, por lo cual tendría 27 años cuando ocurrió la caída de los zares de Rusia, 55 al concluir la Segunda Guerra Mundial y 102 al momento de caer la Unión Soviética.

Cuestionada  sobre los secretos de su larga vida, aseguró que no tenía idea como lo había logrado, pues no hizo nada especial por cuidarse o mantenerse bien físicamente.

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“Fue la voluntad de Dios. No hice nada para que pasara. Veo gente que hace deportes, comen algo en especial, se mantienen en forma, pero no tengo idea como viví hasta ahora”, comentó.

Sin embargo, dijo que no tuvo una vida feliz, por lo que está cansada y el seguir viviendo para ella representa un castigo.

“No tuve un día feliz en mi vida. Siempre he trabajado duro, cavando en el jardín. Estoy cansada. Una larga vida no es un regalo de Dios para mí, sino un castigo”, explicó Istambulova.

Pese a su avanzada edad, la mujer es capaz de alimentarse sola y caminar, sin embargo su vista se ha deteriorado mucho. A lo largo de los años perdió a varios hijos, mientras que su última hija murió hace 5 años.

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“Sobreviví a la Guerra Civil Rusa, la Segunda Guerra Mundial y la deportación de nuestra nación en 1944 y a través de dos guerras en Chechenia. Ahora estoy segura que mi vida no fue feliz. Recuerdo tanques alemanes arrasando nuestra casa. Fue escalofriante”, comentó.

“Recordando a mi infeliz vida, deseo haber muerto cuando era joven. Trabajé toda mi vida. No tuve tiempo para descansar o divertirme. Estábamos excavando la tierra o sembrando sandías. Cuando trabajaba, mis días corrían uno por uno. Ahora no estoy viviendo, solo me arrastro”, concluyó.

 

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