#LaPeorMamá. Si crees que cuidar a tus hijos es difícil, cuida ajenos

#LaPeorMamá. Si crees que cuidar a tus hijos es difícil, cuida ajenos - #LaPeorMamá Lo que puede lograr un niño
Foto de Archivo

Mi comadre me pidió cuidar de sus tres hijos, que sumados a los míos resultaron cinco chamacos. Al final no resultó tan mal

– Comadre. ¿Porfis me ayudas con los niños el viernes? – Me pidió mi comadre pues ella y su marido tenían un compromiso y no podían llevarlos.

Solo era una tarde. Pero son 3 chamacos, o sea, serían 5 chamacos juntos.

Tengo que aceptar que cuando escuché el audio que me envió la comadre entré en pánico.

Pero dije: Ya no son tan chiquitos (8, 7 y 5) y se llevan super con mis hijos. Conocen la casa, me conocen a mí, el señor de la casa va a estar aquí. Obvio puedo.

Otra de las razones por las que dije que sí es porque tenemos el entendimiento de que cuando nuestros respectivos hijos están en la casa de los otros las reglas deben seguirse y las consecuencias de que no sea así recaen en el dueño de cada casa.

Y créanme que eso es algo importantísimo entre amigos que son papás o mamás porque luego hay muchos malos entendidos.

– Claro que sí comadre. Échamelos. Aquí nos hacemos bolas.

Llegaron a las 3:30 h de la tarde cargados de juguetes y tabletas felices por ver a mis hijos y jugar toda la tarde juntos.

Se metieron juntos al cuarto de juegos y el señor de la casa y yo decidimos ponernos a ver tele en la sala para estar pendientes de cualquier cosa.

Las horas empezaron a pasar, los capítulos de nuestra serie volaban. Y todo estaba en orden.

Nos turnamos para ver qué estaban haciendo y asegurarnos de que no se les ocurriera alguna idea maravillosa como pintarse o pintar las paredes. No lo digo nada más porque sí, ya ha pasado.

Las niñas que son 3 jugaban y veían videos mientras los niños jugaban videojuegos.

Honestamente en esos momentos lo que menos quería yo era quitar las tabletas porque con eso estaban tranquilos.

Sí, lo sé, eso no es cuidar niños pero yo lo que quería era tenerlos entretenidos y tranquilos. Y eso se estaba logrando maravillosamente.

De pronto empecé a escuchar que las puertas se azotaban y fui a averiguar, no fuera que alguien dejara los dedos en alguna.

Me encontré a mi ahijada M. encerrada en la alacena. Pude entrar porque aunque puso el seguro, no logró cerrar bien la puerta.

– ¿Qué haces aquí metida? ¿Necesitas algo?
– Es que mi hermana me está tomando videos y a mí no me gusta.
– Ok. Entiendo, voy a platicar con ella pero por favor no te encierres aquí.

Fui en busca de S., la más pequeña.
– S. ¿Porqué le estás tomando videos a M.?
Silencio.

En verdad creo que si a las personas y sobre todo a los niños no les gustan las fotos o los videos debemos respetarlo. Y antes de que me digan “mira quien lo dice, La Peor Mamá que siempre sube a sus hijos a redes”, yo siempre les pido permiso; y muchas veces no lo obtengo.

– ¿Me puedes prestar tu tableta porfa? Vamos a borrar mejor los videos.

Sin dudarlo ni un segundo me la entregó y se fue. Yo borré los videos que había tomado y fui a entregarle la tableta pero no la encontré y M. me dijo que estaba metida en el baño llorando.

¡Chale! Ya la hice llorar. Ahora sí ya valió.

Efectivamente cuando me dejó entrar al baño la encontré llorando. Era un llanto callado, no como los que yo le conocía que le tiran más al drama y al berrinche.

Por más que le pregunté si estaba triste o enojada, no obtenía respuesta; y lo peor de todo, es que ni me volteaba a ver. Clave irrefutable de que su molestia era conmigo.

– ¿Te puedo abrazar?
Se me encaramó y se aferró a mí y lloró y lloró. Cuando la sentí más tranquila le dije:
– Creo que te asusté, ¿verdad? No fue mi intención. Lo único que quería era que dejaras de grabar a M. porque a ella no le gusta. Pero sé que a ti te gusta tomar fotos y videos. Cuando quieras hacerlo, te sugiero que le pidas permiso a los demás porque no a todo el mundo le gusta.

Nos abrazamos de nuevo y la dejé sentada sobre el excusado viendo su tableta porque me dijo que ahí se quería quedar.

Salí con el corazón apachurrado porque sentí su rechazo, el cual jamás había hecho presencia conmigo.

Al rato regresé a buscarla y le pregunté si podíamos seguir siendo amigas y me dijo que sí, aunque no tan convencida la verdad.

Por supuesto que cuando los compadres llegaron les conté todo el asunto para que estuvieran al tanto. Ambos demostraron su apoyo ante mi forma de actuar.

Días después mi comadre me dijo que S. le había contado lo sucedido y que finalmente la conclusión era que me quería mucho. Y, honestamente respiré. Pensé que ya no me iba a querer ver o venir a mi casa.

Creo que cuidar a 5 no resultó tan mal.

A ustedes, ¿cómo les va cuidando niños ajenos?

Gracias por leer

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