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#LaPeorMamá. Mi resistencia al cambio
Foto de Archivo

Debo decir que soy una mujer muy cuadrada y controladora. Y no me parece que sea malo, en realidad son dos cualidades que se pueden ver como virtudes. Nunca llegaré tarde, no dejaré de hacer algo para lo que me comprometí, etc.

Este par de virtudes me ha hecho una mujer de horarios y rutinas. Hasta al baño voy a la misma hora siempre.

Con los hijos las rutinas y los horarios siempre me han funcionado muy bien porque ellos saben perfecto qué viene a continuación. Una de las mejores cosas que he logrado es la hora de dormir.

Mis hijos se acuestan a las 19:30 horas para estar dormidos a las 20:00 horas pues estoy convencida, tanto por ciencia como por experiencia que deben descansar para rendir al siguiente día.

Cómo alguna vez ya lo conté por acá, esas rutinas y horarios no se cumplen el fin de semana porque pachangueros, pero durante la semana soy un gendarme con los horarios desde que los levanto y hasta que se duermen.

Todo iba muy bien hasta que las clases extracurriculares de mi hijo, o sea el futbol, cambió de horario porque ya entrena con una categoría más arriba por su edad.

Cuando me dijeron que en lugar de que el entrenamiento sea de 16:00 a 17:15, sería de 17:15 a 18:30 casi me da algo. Pero sé que mi hijo ama el fut y su entrenamiento, y a su equipo, así que dije: ¿Qué puede pasar?

Amigo, amiga que me haces favor de leerme. Si tú eres como yo, sabrás lo que estos cambios
en la rutina significan para mí. Si no eres así aquí te va un resumen.

Las primeras dos semanas de regreso a clases y actividades fueron para mí un tremendo calvario. La ansiedad se apoderaba de mí de pensar que mis hijos ni cerca estaban de lograr los horarios que teníamos antes.

Pase tardes y noches de malas por ver la hora y que aún no salíamos del club o no habíamos cenado o no se habían acostado.

Mi mal humor se sentía en todos lados. Mis hijos y el señor de la casa ni me hablaban porque de verdad estaba de muy mal humor.

Según mi mente, todo iba a estar terrible al otro día porque no descansaban lo suficiente. Y sí, estaba terrible porque yo me levantaba angustiada pensando que el día empezaría fatal por falta de sueño.

Por fin, esta tercera semana, hice un examen de consciencia y me di cuenta de que realmente prácticamente todo estaba en mi mente. Así que decidí dejar de lado mi resistencia al cambio y ajustar todos los horarios, rutinas y alarmas; y hacerme a la idea de que están creciendo y que no siempre se dormirán a las 8.

Decidí acoplarme y aceptar. Dejar de luchar y disfrutar porque nadie merece mi mal humor por no cumplir algo de entrada imposible.

Llevo 2 días. Espero me dure.

Y tú, ¿qué tal vas con esas rutinas?

Gracias por leer
#LaPeorMamá