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#LaPeorMamá Cuando le enseñé a mis hijos a decir mentiras
Foto de Archivo

Un día, el guapísimo señor de la casa me dice:

  • Mis hermanos están planeando una fiesta sorpresa para mi mamá. ¿Cómo ves si vamos?

Después de platicar, analizar y demás, decidimos asistir. No, no hay ninguna historia truculenta con mi suegra; lo evaluamos porque vivimos a casi 1000 km de distancia y no es tan fácil ir. Total acordamos que sí iríamos pero le pedí que fuéramos más días para que el viaje valiera la pena, así que acordamos que iríamos de jueves a domingo.

Todo sonaba muy bien hasta que me di cuenta que no tenía excusa para ir. ¿Cómo le iba a hacer para que mi suegra no se enterara que iba? ¿O qué razón le daría de ir? Porque ustedes entenderán que si me iba desde el jueves y la veía hasta el sábado se iba a molestar un poquito.

Las cosas se empezaron a alinear cuando me confirmaron que participaría en un programa de tele el viernes. ¡Pretexto perfecto! Pero igual quería llegar de sorpresa. Para los que me conocen saben que quedarme callada algo así es difícil; sobre todo porque hay mucho que compartir sobre ello. Pero lo logré.

El jueves tempranito me trepé al avión con mis dos chamacos, porque el señor nos dejó abandonados a nuestra suerte mientras estaba en una convención, y me fui a la Gran Ciudad.

Ustedes no tienen por qué saberlo, pero los jueves hay comida en casa de la mamá de mi suegra desde siempre, así que llegando al aeropuerto me lancé para allá para empezar con las sorpresas. Obviamente todos sabían de la fiesta sorpresa del sábado, pero no sabían que yo iría, así que fueron varios los sorprendidos. Pero hubieran visto la cara de mi suegra cuando llegó y nos vio ahí. Hasta las lágrimas se le salieron. Y tengo un video que respalda mi relato, así que suegrita, no trates de negarlo.

Justo antes de que mi suegra llegara a la comida el jueves caí en cuenta que iba a mentir, y mucho, sobre la razón y condiciones de nuestro viaje. También tenía que mentir sobre nuestro regreso a Mty, pero sobre todo caí en cuenta de que todas esas mentiras las iba a decir frente a mis hijos

Como papás, constantemente les recordamos a nuestros hijos que no deben mentir. Les decimos cualquier cantidad de cosas como:

  • No digan mentiras, no es bueno.
  • Si dicen mentiras, después ya no les voy a creer.

Y mi favorita:

  • Si dices mentiras te va a crecer la nariz. -No lo nieguen, ustedes también la aplican. Amenazar la mentira con otra mentira. Una cosa hermosa. Pero sí, sí se los he dicho.

Y pues sí, a los niños les decimos más de una mentira, pero que sean testigos de nuestras mentiras y cómplices, eso complica un poco las cosas.

Antes de que llegara mi suegra hablé con ellos:

  • Niños les tengo que decir algo. ¿Se acuerdan que el sábado es la fiesta sorpresa de la abuela?
  • Sí mami.
  • Bueno pues ella no puede saber que va a haber fiesta.
  • Pues claro, porque es sorpresa.
  • Ok pues entonces voy a tener que decirle algunas mentiras sobre nuestro viaje, porque si no se va a dar cuenta de la fiesta.

Hubieran visto ustedes la cara de #minispeedy. Boca abierta, ojos saltones súper incrédulo.

  • Mamá, pero ¡no se deben decir mentiras!

Lo bueno es que recordé una plática que algún día me dieron sobre abuso infantil y apliqué el conocimiento.

  • ¿Te acuerdas que hay mentiras buenas y malas?
  • Ajá
  • Bueno, tú dime: ¿Crees que ésta es una mentira mala?
  • Pues no, porque es la fiesta de la abuela.
  • Exacto, y para que salga la sorpresa voy a decir algunas mentiras. Pero te prometo que el sábado que sea la fiesta le voy a decir toda la verdad.
  • Ok. ¿Y yo voy a decir mentiras?
  • No. Tú no vas a decir mentiras. Las voy a decir yo. Tú solamente sígueme la corriente de lo que diga. Solamente no digas que nos vamos el domingo y no digas nada de la fiesta.
  • Bueno mamá. Pero en la fiesta le dices la verdad.

Y así fue, me aventé mentira tras mentira tras mentira para salvar la fiesta sorpresa y mis hijos ni pío dijeron. En realidad me di cuenta que son buenísimos para guardar secretos.

Para mi suegra fue sorpresa tras sorpresa:

Sus nietos y yo. Bueno ¿a quién engaño? Sus nietos.

Su hijo, o sea mi marido que llegó al otro día también de sorpresa.

Y por supuesto la fiesta sorpresa.

Eso sí, cuando estábamos ya en el huateque después de gritar sorpresa y cantar las mañanitas se me acercó #minispeedy a preguntarme:

  • ¿Ya le dijiste la verdad a la abuela?

Creo que no lo estoy haciendo tan mal. No le va a crecer la nariz.

Gracias por leer.