Helena Petrovna Blavátskaya

Helena Petrovna Blavátskaya

El nombre de Helena Petrovna se fue diluyendo mientras ella iba amalgamando su pensamiento desaparecido hasta dar lugar a Madame Blavatsky como se hizo llamar

Antes de que el alma pueda ver, debe haberse alcanzado la armonía interior, y los ojos carnales han de estar cegados a toda ilusión.
“La voz del silencio” 1889

 

Qué capacidad se necesita para escribir miles de páginas con citas de entre más de mil cuatrocientas obras, con la precisión que lo hizo. De qué tamaño tendría que ser la biblioteca, que permitiera a alguien que nunca tuvo un solo grado universitario, escribir como lo hizo.

Hay seres que aparecen con ciertas características dentro del monto de una totalidad de miles de millones que vienen al mundo. Simplemente pasan por la vida, dejando un gran revuelo a su paso. Esto a veces, comienza con el momento en que son dados a luz y con eso comienza su huella en la historia.

Mientras el pope bautiza a una pequeña nacida prematura, una llama de una vela enciende su casulla y por poco muere. El eco del incidente dio pie a creer que ella era especial.

Nacida a la medianoche del 30 al 31 de julio de 1831. En el calendario ruso, corresponde al 12 de agosto, fecha que en la tradición de esas tierras, equivale a la noche de San Juan y se dice que los nacidos este día están dotados de gran poder sobre las fuerzas malignas, incluyendo demonios y brujas. Será que los astros ejercen una fuerza inimaginable conspirando para darles fuerza y me gusta pensar que esto podría ser así.

Me apasionan los seres inquietos, desobedientes y abrazados por este halo de rebeldía, así fueron los primeros días de esta niña de ojos claros, profundos y misteriosos. Conoció el dolor a muy tierna edad, cuando su madre apenas con 27 años, muere. Así creció bajo los cuidados de sus abuelas en Saratov donde su abuelo se desempeñaba como gobernador. Virtuosa en el piano, la imagino separando los hilos para el tejido de sus habilidades, mientras todo lo preguntaba, todo lo quería saber.

A los catorce años una accidente de caballo casi termina con su vida, pero una sombra la cargó y evitó su muerte. ¿Será que en verdad a esas alturas la seguían seres que no habitaban esta realidad concreta, seres que le la instruían en el arte de comunicarse con el más allá?

Me quedo con esta sensación de hacer una incursión a medias, un pedazo de curiosidad que se va llenando con lo que otros han escrito sobre ella y me queda un sabor de boca de que esto no es suficiente.

Y se cuenta que con apenas diecisiete años, se casó con el gobernador de la provincia de Eriman en Armenia y escapó a caballo al día siguiente de la boda, sin consumar el matrimonio. La atraparon y tres días después repitió la maniobra, esta vez con éxito y nunca más volvió. Ahí se reviste con el apellido de su marido y comienza la aventura de volverse uno de los seres con mayor influencia en el pensamiento de occidente durante esa época.

Puedo imaginar el galope del caballo desenfrenado mientras su pelo café se mueve al viento. Imagino sus ojos claros clavados en el camino mirando para atrás mientras escapa, asegurándose que nadie la sigue.

La observó llegar a casa de su abuelo y veo las discusiones acaloradas, su carácter indomable no gestaba otra cosa más que problemas. Así que este la manda a San Petersburgo donde vivía su padre.

En el trayecto, con el disfraz de una chica buena, seduce al capitán del barco para llevarla a Constantinopla y lo logra. Llegando ahí se emplea en un circo y comienza a viajar por todo el mundo entre los veinte y los cuarenta años. Así comenzó una serie de viajes iniciáticos que la llevaron a Egipto, Turquía, Grecia y al Tibet. Aquel destino la habría puesto en contacto con un saber ancestral que era guardado por unos maestros o mahatmas. Ahí aprende el arte de un pensamiento que la cautiva. Entra en contacto con un libro Las estancias de Dzyan que es un supuesto antiguo texto de origen tibetano.

Viaja a la India donde abraza las ideas de los Vedas y de otros escritos milenarios. Incluso estuvo en Nueva Orleans aprendiendo los ritos del Vudú.

Huye de la ignorancia, huye igualmente de la ilusión. Aparta tu faz de las decepciones mundanales; desconfía de tus sentidos, porque son falsos. Pero en lo interior de tu cuerpo, en el sagrario de tus sensaciones, busca en lo impersonal al “hombre eterno”, y una vez lo hayas encontrado, mira hacia dentro: eres Buda.

“La voz del silencio” (1889)

Encontró como alimentarse y para sobrevivir da clases de pintura y de piano en París y Londres. Y es justo ahí donde conoce a Kudhumi un ser misterioso del que no hay una sola fotografía y del que ella decía se le aparecía en sueños y visiones desde su infancia, y con el que posteriormente se habría topado en una calle de Londres en 1851. Este maestro sería según dicen un iniciado oriental de Rajput que fue conocido entre los teósofos con el nombre de Mahatma M. o Maestro de Morya, el mismo que en forma de sombra la había levantado para no estrellarse con el suelo cuando el caballo la había desmontado y apenas tenía 14 años .

Me quedo con la imagen, la recreo, la adorno. Lo veo con un turbante blanco y la tez color aceituna. ¿acaso solo con mirarlo tendría la capacidad de hipnotizarme? o me dejare influir con mucho de lo que se ha escrito sobre ella, donde la mentira cubre con un halo su paso. Entonces la imagen se diluye, se recrea solo como una posibilidad y es ahí donde mi sed se vuelve obsesión y me da por buscar y encontrar información para tejerla junto a ella y dibujarla a mi modo.

La imagino entonces absorta en la fascinación de un mundo que la envolvía, aprendiendo de este maestro que quiero pensar que fue real y la veo comenzar el camino del trabajo con el arte del esoterismo.

Entre la religión y la ciencia vaga una muchedumbre extraviada a la que llamamos humanidad. En la segunda mitad del siglo XIX, se vivió una revolución científica y tecnológica sin precedentes en occidente, abriendo espacio para encontrar respuestas a cuestionamientos nuevos, mientras a la luz de nuevas posibilidades, iban rompiendo paradigmas.

Para muchos fue el triunfo de una razón que arrinconaba la herencia de siglos, en donde las religiones y muchas supersticiones habían servido para explicarlo todo.

“Para lograr el conocimiento del espíritu, es indispensable la pureza de corazón: desechando todo mal pensamiento, manteniendo el ánimo sosegado sin jamás agitarse, ni irritarse por nada”.

Entonces hubo toda una explosión de fenómenos que renovaban la espiritualidad para enfrentarse a lo que consideraban un materialismo impulsado por la revolución industrial que amenazaba con arrasar todo.

Así la teoría de la evolución de Darwin, golpeó en la línea de flotación, el relato bíblico, el marxismo buscó dar una explicación científica a los cambios económicos y sociales. La electricidad fue la llave que abrió las puertas a nuevos medios de transporte y comunicación que empequeñecieron el mundo y el petróleo dio auge al nuevo elixir que transformaría una nueva forma de vivir, a nivel global.

El nombre de Helena Petrovna se fue diluyendo mientras ella iba amalgamando su pensamiento desaparecido hasta dar lugar a Madame Blavatsky como se hizo llamar. Libre pensadora, rebelde y aventurera, envuelta en el escándalo por ser rechazada e incluso acusada de fraude. Recorrió, contra los vientos de su época, pueblos, creencias y semi-dioses. Llegó a una afirmación esencial: No hay religión superior a la verdad. Con esta premisa cofundó su doctrina, renegando, en el camino, de las religiones “oficiales” y de la ciencia infatuada y positivista.

En 1871 fundó la Sociedad Espiritista en la ciudad de El Cairo, con la finalidad de estudiar los fenómenos mentales, disuelta más tarde por escándalos financieros. Dos años después, en 1873, en Estados Unidos, continuó con sus “trabajos” como médium.

Intentó superar la dicotomía entre ciencia-religión y dejaría atrás las creencias tradicionales a partir de un saber oculto procedente de la India. Posteriormente trasladó la sede de la sociedad desde Nueva York al barrio de Adyar en Chennai, al sur de la India, lugar donde aún permanece al día de hoy.

Su nombre quedó grabado en los libros de historia, cuando comenzó a tejer, a mediados del siglo XIX, una fastuosa red de conocimientos religiosos, filosóficos y científicos y con ello conformaría junto con otros, una doctrina esotérica llamada Teosofía. Más tarde esto generó una fraternidad mundial que se ha mantenido hasta nuestros días, entintada de esoterismo, bañada en el mundo ocultista, del chantaje, la burla y una inevitable neblina que ha permeado en el pensamiento desde entonces.

Para muchos, su pensamiento dio paso al triunfo de una razón que arrinconaba por fin la herencia de siglos, en los que las religiones y las supersticiones habían servido para explicarlo todo. Una explosión de fenómenos que renovaban la espiritualidad para enfrentarse a lo que consideraban un materialismo que amenazaba con arrasarlo todo.

En este contexto, modas como el espiritismo hicieron furor, disfrazados en un halo de misterio, aderezados con ropajes que pretendían otorgarles una apariencia cientificista.

En la tinta de muchos artículos y libros la colocan como autora de obras famosas, como Isis sin velo (1877), en la que describe los pormenores de una religión de su propia invención, o La doctrina secreta (1888), un libro repleto de teorías relacionadas más o menos indirectamente con el hinduismo.

Fallecida a causa de una gripe en Londres el 8 de mayo de 1891, sus últimas palabras fueron: “Mantengan la unión, no hagan que ésta, mi última encarnación, sea un fracaso”.

Tras su muerte, la teosofía vivió varias crisis, aunque su influencia posteriormente llegó incluso hasta el Tercer Reich, donde muchos altos cargos del partido nazi se declararon seguidores de esa doctrina. La huella de Helena ha llegado hasta nuestros días; una doctrina que sentó las bases para numerosos movimientos que vinieron después, como gran parte de la contracultura de los sesenta y todo el movimiento New Age.

“Huye de la ignorancia, huye igualmente de la ilusión. Aparta tu faz de las decepciones mundanales; desconfía de tus sentidos, porque son falsos. Pero en lo interior de tu cuerpo, en el sagrario de tus sensaciones, busca en lo impersonal al hombre eterno”.

Hay una sensación en mi cuerpo de insatisfacción, me quedo con la idea de que ella fue mucho más de lo que he encontrado. Buscaré su obra, pondré mis dedos entre sus páginas, quizá en ello pueda verla con más claridad. Es sin duda uno de los personajes que más trabajo me ha costado. No la puedo atravesar, desmenuzarla como lo hago con otros personajes y es que sin duda ahí donde está, no me deja; se vuelve inaccesible. Deja su halo de misterio para que siga acompañando por lo menos mientras sigue hablándose de ella, permitiendo que a través del lenguaje no muera, siga viva. Una encarnación en el verbo quizá, o tal vez esté por ahí en otra forma, una extraterrestre o en otra raza y está aprendiendo lo que le faltó en su otra vida.

O también existe la posibilidad de que existió como tantos otros dejando un legado difuso tras de sí, creando curiosidad y controversia.

La mente es parecida a un espejo; se cubre de polvo mientras refleja. necesita de las suaves brisas de la sabiduría del alma para que arrebaten el polvo de nuestras ilusiones. Procura fundir tu mente con tu alma.

“La voz del silencio” (1889).

Por DZ

Claudia Gómez

Twitter: @claudia56044195   

Claudia GómezDZHelena Petrovna Blavátskaya
Menú de accesibilidad