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Cinco de Mayo: la calle maldita que ni nombre tenía
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Una de las calles más transitadas del Centro Histórico de la Ciudad de México es Cinco de Mayo, la cual inicia en Eje Central y termina en Monte de Piedad.

Esta arteria que hoy está llena de comercios fue, durante una época, considerada una calle maldita y durante un tiempo careció de nombre.

Lo invitamos a leer la historia de cómo esta calle pasó de ser un lugar por el que nadie quería pasar a convertirse en un punto de orgullo nacional.

El primer trazo

Actualmente, la calle Cinco de Mayo consta de siete cuadras que van de un costado de la Catedral Metropolitana hasta Bellas Artes, pero su historia se remonta a finales del siglo 16.

Hasta ese entonces, en la zona actual del Zócalo, en el área que hoy forman las calles de Tacuba y Madero, se encontraban las casas de Moctezuma, pero se decidió partir el terreno para crear un par de cuadras en donde quedó el espacio que actualmente ocupa el inicio de la calle de Cinco de Mayo.

En realidad, ese primer trazo formó un par de callejones que eran conocidos como Mecateros y Arquillo, los cuales estaban limitados por el Convento de la Profesa, una gran construcción que se localizaba en donde hoy es la calle de Isabel La Católica.

Pero tras las Leyes de Reforma, que provocaron que parte de la población (especialmente la relacionada con el gobierno) despreciara todo lo que tuviera que ver con la iglesia, en 1861 se derribó ese convento junto con otro cercano dedicado a Santa Clara.

Con esto, se amplió la calle un par de cuadras y ya se extendía hasta lo que hoy es Bolívar, donde se encontraba el Teatro Nacional.

Donde nadie quería pasar

Pero esas dos nuevas cuadras no tenían nombre (las calles se nombraban por tramos, no por todo su trazado) e, inclusive, los capitalinos de la época no querían pasar por ahí.

En el suelo de esa calle permanecían los escombros de ambos templos, incluyendo algunos restos de los retablos y de piedras labradas con motivos religiosos, por lo que se extendió la creencia de que era un lugar santificado.

Eso provocaba dos cosas: que los creyentes no pasaran por ahí para evitar “mancillar” la zona, mientras que los anticlericales evitaban el lugar porque todavía tenía algo “de sagrado”.

Obviamente, tampoco nadie quería vivir ahí a pesar de la excelente ubicación, por lo que durante varios meses se ofrecieron terrenos muy baratos que no se vendieron, ya que se decía que construir ahí traería “mala suerte”.

Así que durante un buen rato, la calle estuvo “maldita”, en ruinas, llena de basura, sin alumbrado, insegura y, sobre todo, sin un nombre.

De la vergüenza al orgullo

Pero el 5 de mayo de 1862 se llevó a cabo la Batalla de Puebla en la que los mexicanos derrotaron al ejército francés en esa ciudad, por lo que el gobierno de la Ciudad de México de esa época, por órdenes del presidente Benito Juárez, decidió colocar una placa para bautizar la calle, hasta entonces indeseada por los capitalinos, con el nombre de “Cinco de Mayo”.

Ahí se acabó la maldición, ya que ahora esa calle era un símbolo de orgullo patrio y se empezó a poblar poco a poco, convirtiéndose rápidamente en un céntrico punto de la Ciudad de México.

Pero como la Batalla de Puebla no impidió la Intervención Francesa (a veces la historia evita contar ese detalle), el 10 de junio de 1863 el ejército francés ocupó la Ciudad de México, y algunos de sus integrantes balearon el nombre de la calle que recordaba esa fecha de la que los mexicanos se sentían tan orgullosos, lo cual provocó la molestia de muchos capitalinos que, según crónicas de la época, llegaron hasta el llanto.

La recuperación

Cuando se fueron los franceses, por allá de mediados de 1867, la calle recuperó su nombre y el 5 de mayo de 1868 se conmemoró por primera vez esa fecha, por lo que se sometió a una profunda remodelación.

Ya para los primeros años del siglo 20, y últimos del Porfiriato, el presidente Porfirio Díaz ordenó la demolición del Teatro Nacional porque ya se estaba levantando el Palacio de Bellas Artes y la calle de Cinco de Mayo quedó con su trazado actual.

Poco a poco, Cinco de Mayo se fue poblando, llenando de comercios y de automóviles, para que hoy sea uno de los accesos más importantes al Centro Histórico de la Ciudad de México. ¿Hace cuanto que no pasa por ahí?

 Por Carlos Tomasini (@carlostomasini)