Minuto a Minuto

mundial 2026 ¿Qué líneas del Metro CDMX cerrarán a la 1 am por el juego Chequia vs México?
El Metro de la CDMX confirmó las líneas que ampliarán su servicio por el juego entre República Checa vs México
Deportes Él es Joaquín Bruno, el periodista que protagonizó un viral festejo junto a Messi frente a Austria
Joaquín Bruno es el periodista con el que festejó Lionel Messi su segundo gol ante Austria en el Mundial 2026
Deportes Video: Luchador Pierroth Jr Kaoz se desvanece en el cuadrilátero; ¿qué le pasó?
La familia de Pierroth Jr Kaoz dio a conocer el estado de salud del luchador, después de que se desvaneciera en el cuadrilátero
Internacional ONU advierte crisis global energética y climática; urge a países a actuar
La ONU advierte "una doble crisis": energética, por los conflictos en Ucrania y Medio Oriente, y ambiental, con fenómenos climáticos extremos
Nacional México niega tensiones en el T-MEC por acusación de EE.UU. contra Rubén Rocha
La presidenta Sheinbaum descartó tensión alguna con EE.UU. por el caso Rocha Moya, tal y como lo presumió la gobernadora Maru Campos
La CIA admite que espió a la comisión del Senado
Internet

En Estados Unidos cualquier indicio de espionaje de los legisladores por parte de los agentes, como ocurrió hace unos meses, es susceptible de provocar una crisis constitucional.

Tras meses de disputa con los máximos responsables de vigilar a los espías en el Capitolio, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Brennan, admitió este jueves que algunos de sus empleados se introdujeron de forma inadecuada en computadoras reservadas para investigadores del Senado, en que el Partido Demócrata ostenta la mayoría. Los investigadores elaboraban un informe sobre los métodos de interrogación y detención de la CIA que debe publicarse en los próximos días o semanas.

No se trata de un caso de vigilancia masivo, como el de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA). Tampoco de prácticas extendidas de espionaje como las de la propia CIA en países aliados como Alemania. La CIA no colocó micrófonos en las oficinas de los senadores ni leyó sus correos electrónicos.

Pero el caso es sensible por varios motivos. Primero, porque afecta a uno de los episodios más siniestros en la historia reciente del espionaje estadunidense, la tortura a sospechosos de terrorismo, durante los
años posteriores a los atentados del 11 de septiembre de 2011, cuando el republicano George W. Bush era presidente. Segundo, porque la víctima del espionaje ya no era la canciller alemana, un país enemigo o un ciudadano anónimo, sino los representantes del pueblo en pleno ejercicio de la tarea de supervisar a las agencias de espionaje. Y tercero, porque ocurre cuando las prácticas de inteligencia estadunidense desde la NSA hasta la presencia de agentes de la CIA en los servicios de espionaje alemanes— vuelven a ser cuestionadas.

En marzo, la presidenta de la Comisión de Inteligencia del Senado, la demócrata Dianne Feinstein, denunció que las prácticas de la CIA representaban una afrenta a la división de poderes y una violación de la Cuarta Enmienda de la Constitución, que prohíbe los registros injustificados. Brennan negó entonces cualquier vigilancia del trabajo de los citados investigadores, y dijo: “Cuando los hechos salgan a la luz, creo que se demostrará que se equivocan las muchas personas que ahora aseguran que hubo casos tremendos de espionaje y vigilancia y pirateo informático”.

Un informe del inspector general de la CIA —encargado de controlar irregularidades en la agencia— ha dado la razón a los senadores y se la ha quitado a Brennan, que, en una reunión tensa con Feinstein y el número dos de la Comisión de Inteligencia, el republicano Saxby Chambliss, pidió perdón.

Los hechos ocurrieron cuando el Senado se hallaba enfrascado en la investigación del programa de interrogación y detención que al CIA puso en práctica tras el 11-S y que Obama prohibió al llegar a Casa Blanca, en enero de 2009. Para ello, la CIA puso a disposición del Senado computadoras situados en un edificio de la agencia en el estado de Virginia, en las afueras de Washington. Los empleados del Senado podían acceder a más de seis de millones de páginas de documentos clasificados, pero sólo en este lugar. La CIA se comprometió a abstenerse de vigilar la actividad de los investigadores en estas computadoras.

Las cosas se complicaron cuando la CIA sospechó que los empleados del Senado habían obtenido unos documentos —precisamente los más incriminatorios sobre las torturas posteriores al 11-S— a los que aparentemente el Senado no podía acceder. Fue entonces cuando la CIA comenzó a vigilar las computadoras vulnerando el acuerdo entre la CIA y el Senado para mantener las computadoras fuera del alcance de los espías.

Además de admitir las malas prácticas de sus agentes, Brennan anunció la creación de un consejo interno, dirigido por exsenador demócrata Evan Bayh, que revisará el caso.

 

Con información de El País