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Janet Yellen debería estar en la antesala del inicio de su segundo mandato al frente de la Reserva Federal de los Estados Unidos (Fed), pero se le cruzó en el camino el presidente republicano Donald Trump.

No había ninguna razón para no cumplir con la tradición de que el titular del banco central estadounidense repitiera en el cargo, más cuando el desempeño de la señora Yellen ha sido más que aceptable en una etapa donde la Fed tenía que aterrizar su inaudito plan de liquidez que, de hecho, sacó de la recesión a la economía estadounidense.

Ben Bernanke, el antecesor de la señora Yellen al frente de la Fed, había puesto en marcha un plan de hiperliquidez en el que las tasas de interés se mantuvieron en cero y la máquina de los dólares imprimía billetes a destajo.

Sólo que este osado plan, que trastocó los flujos financieros del planeta entero, venía acompañado de una solución de fondo a lo que había provocado la crisis bancaria que desató en la Gran Recesión.

Con todo el apoyo del gobierno demócrata de Barack Obama, Bernanke recargó el trabajo de la nueva regulación en su vicepresidenta Janet Yellen, quien a la postre se quedó en el cargo de gobernadora del banco central para mantener la tarea de aterrizaje del enorme plan de liquidez y para hacer cumplir los mandatos regulatorios.

Más allá de las acusaciones públicas que lanzó Donald Trump durante la campaña en contra de Yellen, la acusó de apoyar a Hillary Clinton con tasas de interés bajas, lo que más estorba a los planes populistas del republicano es una presidenta del banco central dispuesta a mantener los controles en contra de los abusos financieros que ya han provocado varias crisis en su país.

Yellen encabeza desde hoy su última reunión del Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal que mañana dará a conocer su decisión de política monetaria. Después encabezará la última conferencia de prensa desde la silla presidencial de la Fed.

El mercado ve más posibilidades de un mantenimiento del nivel actual en la tasa de interés que de un aumento. Pero lo más interesante es cuál será la política a seguir a partir del sábado, cuando inicia funciones como titular de la Fed el abogado Jerome Powell.

En términos de política monetaria, lo más intenso está por venir durante este y el próximo año. La economía estadounidense está en franca expansión, el empleo registra niveles que se pueden considerar de pleno empleo, los niveles salariales y de consumo aumentan.

Al mismo tiempo hay presiones en los precios de los energéticos y la tendencia inflacionaria marca ya un ritmo ascendente.

Puede estar en la mesa de las decisiones de la Fed la necesidad de acelerar el incremento en el costo del dinero más allá de los tres aumentos estimados para este año, con todo lo que eso implica para el desempeño financiero.

Pero también hay que ver cuál será el toque que le imprima Powell a los planes de Trump de laxar las regulaciones financieras. Sobre todo las recién adoptadas por el propio banco central para prevenir que la combinación de la avaricia y la creatividad vuelva a causar una nueva crisis.

Lo que tiene Powell es el beneficio de la duda sobre sus habilidades económico-financieras como abogado y su independencia del poder de Donald Trump.

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