Volatilidad ausente


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Joaquín López-Dóriga OstolazaSin Fronteras

[caption id="attachment_691872" align="aligncenter" width="760"] Foto de Reuters[/caption]


Foto de Reuters

Después de un brevísimo respiro durante la semana pasada, los principales índices accionarios de Estados Unidos (EU) están marcando nuevos máximos históricos con el S&P 500 rondando los 2,700 puntos, el Dow Jones acercándose a los 25,000 puntos y el NASDAQ superando las 7,000 unidades.

En lo que va del año, el S&P 500, el Dow Jones y el NASDAQ han registrado incrementos de 19, 25 y 29% respectivamente.

Como hemos comentado en este espacio, los mercados accionarios han sido impulsados por la aceleración de la economía global, condiciones muy favorables de política monetaria, tasas de interés de largo plazo históricamente bajas y la expectativa de una reforma fiscal en Estados Unidos.

El rally es sin duda de proporciones históricas pero el fenómeno más interesante es que se ha dado en una ausencia casi total de volatilidad.

El indicador más comúnmente utilizado por los mercados para medir la volatilidad es el índice VIX. El índice se expresa como la expectativa de variación en porcentaje en el S&P 500 durante los próximos 30 días. Entre más alta sea la cifra, mayor es la volatilidad esperada.

Al medio día de ayer el VIX se ubicaba en 9.28, cifra muy cercana a su nivel mínimo de los últimos 25 años de 9.14 observado en noviembre pasado.

El promedio del VIX en los últimos 12 meses se ubica en 11.19 en comparación con el promedio histórico de 19.7 entre 1990 y el 2016. Inclusive durante el último y breve repunte en los niveles de volatilidad en agosto, el VIX llegó apenas a los 16.04 puntos.

La última vez que el VIX se ubicó por arriba de su promedio histórico de 19.7 fue brevemente en junio del 2016. A pesar de las buenas noticias en el frente económico de EU y de la inminente aprobación de una reforma tributaria que, a todas luces, es benéfica para las empresas en el corto plazo, los mercados están descontando un escenario donde los choques exógenos brillan por su ausencia.

Esta situación podría cambiar drásticamente si la situación en Corea del Norte llegara a convertirse en un conflicto armado, si la economía americana tropieza o si la Reserva Federal se ve obligada a tomar una postura monetaria más restrictiva a la anticipada por el mercado.

Aunque la reforma tributaria ha ayudado a los mercados, éstos parecen estar ignorando el hecho de que dicha reforma dejará sin margen de maniobra al gobierno para enfrentar la siguiente recesión y/o la siguiente guerra.

Aunque el Partido Republicano ha querido vender su reforma tributaria como una medida que se pagará por si sola al generar un incremento importante en las tasas de crecimiento económico, la mayoría de los economistas anticipan un impacto de moderado a nulo en las tasas de crecimiento en el mediano y largo plazo.

En esencia, la reforma tributaria es una transferencia enorme de recursos al sector privado, enfocada principalmente a las empresas. La premisa necesaria para generar un mayor crecimiento es que las empresas usarán estos recursos para aumentar la inversión y generar empleos.

Sin embargo, las empresas estadounidenses tienen niveles récord de liquidez y difícilmente aumentarán sus inversiones más allá del ritmo actual.

Aunque que la reforma tributaria generará mayores utilidades en las empresas, éstas no necesariamente elevarán su nivel de inversión y empleo. Sin embargo, lo que sí es un hecho es que el déficit presupuestal y la deuda pública aumentarán considerablemente, dejando al gobierno sin margen de maniobra en términos de política fiscal para enfrentar un choque externo, como un conflicto armado o una desaceleración en la economía.

Históricamente, es difícil encontrar periodos prolongados en los cuales el VIX se haya mantenido por debajo de 15. La pregunta no es si la volatilidad regresará, sino cuándo.

  1. La reversión de los estímulos monetarios

    Después de casi 10 años de tasas de interés cercanas a cero y billones de dólares de inyecciones de liquidez, los principales bancos centrales han comenzado a acelerar en la ruta crítica para normalizar su política monetaria. El primer paso lo dio la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) cuando comenzó a reducir su programa de inyecciones de liquidez, el cual finalmente concluyó a finales del 2014.

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