Compare dos gráficas: la del precio del petróleo y la de la cotización del peso frente al dólar.

Hay quien eleva a nivel de escándalo que un dólar cueste 14 pesos en las ventanillas de los bancos y más se indignan cuando se les recomienda que no se preocupen tanto por estas cotizaciones que forman parte de un modelo de flotación.

Claro que el que se va a Disneylandia este fin de año debe estar del lado de los indignados con lo que hoy se paga por un billete verde.

El dólar forma parte de nuestra vida cotidiana por ser la moneda de la economía más poderosa del mundo y por nuestra alta dependencia económica y financiera de ese mercado. Por eso tanta atención de la cotización y por eso también la existencia de instrumentos de prevención como las coberturas cambiarias.

En mayo del 2012 el dólar estaba en las casas de cambio por arriba de los 15 pesos, en mayo del año pasado estaba en 12.15 y ahora está en 14.05. Y la verdad es que no pasa nada. La inflación tiene un comportamiento más condicionado por los precios de los productos del campo, los energéticos y la baja demanda interna que por algún impacto cambiario en cualquier dirección.

En todo caso las angustias vendrán de lo que hoy mueve la paridad, el mundo entero está pendiente de la Reserva Federal de Estados Unidos y su delicado paso por la cuerda floja que cruza del cuidado de la inflación al impulso del crecimiento económico.

Lo que realmente pinta de negro este viernes y de hecho los meses por venir es el mercado petrolero.

De hecho, lo invito a que compare dos gráficas: la del precio del petróleo y la de la cotización de peso frente al dólar. Verá que más allá de otros factores que influyan en la paridad, hay una relación directa entre la baja del precio de los hidrocarburos y el aumento del valor del dólar frente al peso.

No sólo el derrumbe de los precios ante las discordias y ambiciones de los productores de petróleo que desconfían los unos de los otros, sino en el caso específico de México que va en sentido contrario del mundo que aumenta su producción.

Y no es que Pemex haya decidido cerrar la llave para contribuir a la estabilidad de precios, es simplemente la realidad de que tantos años de irresponsabilidad energética estuvieron a punto de terminar con la gallina de los huevos de oro. México produce al tope lo más que puede y cada día es menos.

Ya está en vigor la reforma energética, que ahora es previsible que dé resultados menos buenos a los esperados precisamente por la coyuntura petrolera. Porque mientras no se recupere el precio del crudo, habrá proyectos de explotación que simplemente no son rentables a estos niveles.

Si tenemos ganas de sentir angustia financiera en estos tiempos, quizá vale más la pena ver los precios del petróleo, los niveles de ingresos del país y su peso en las finanzas públicas.

Para la mayoría el petróleo es intangible, no así el dólar que nos acompaña en nuestras cuentas cotidianas, pero no hay duda de que hoy el foco que enciende ya en tonos rojos es el del precio de la mezcla mexicana en los meses por venir.