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La tragedia crediticia de Veracruz nos remite a la tragedia coahuilense de la administración de Humberto Moreira… Estamos ante historias paralelas…

Javier Duarte de Ochoa es el Humberto Moreira de este sexenio. Recibió Veracruz con una deuda de 17,971 millones de pesos y lo entregará irreconocible, financieramente. Los pasivos veracruzanos ahora son varias veces superiores a lo que eran hace un sexenio. Algo más de 40,000 millones en pasivos, reconoce el gobierno estatal. Mucho más de 90,000 millones, denuncian las voces más críticas.

La historia del endeudamiento de Veracruz en la administración de Duarte tiene mucho de atracción fatal. En diciembre del 2010, a los 15 días de asumir el cargo, contrató el primer crédito de su administración, por 1,500 millones de pesos. Quizá en ese momento, el señor Duarte empezó a sentir el cosquilleo. Lo cierto es que al paso del tiempo se volvió adicto al financiamiento. En cinco años y medio, ha contratado alrededor de 30 grandes créditos y realizado tres emisiones bursátiles. También ha hecho cuatro reestructuras de la deuda.

El proyecto de endeudamiento de Javier Duarte de Ochoa tuvo suerte de que la ley que limita las deudas estatales quedara congelada en el Poder Legislativo casi cuatro años. Los veracruzanos no pueden decir lo mismo. Si los candados hubieran estado vigentes desde el principio de la administración, el gobernador veracruzano hubiera tenido las manos atadas. En vez de eso, Duarte tuvo todo para convertirse en el villano del endeudamiento de este sexenio y convirtió a Veracruz en uno de los estados más apalancados. En todo momento, quiso dejar claro que era él quien tomaba las decisiones financieras. Cambió cinco veces de secretario de Finanzas.

La tragedia crediticia de Veracruz en este sexenio nos remite a la tragedia coahuilense de la administración de Humberto Moreira. Entre el 2005 y el 2011, en el estado norteño la deuda pasó de menos de 500 millones a más de 35,000 millones. Hubo falsificación de documentos y abuso de una ley llena de agujeros. Los gobiernos estatales no estaban obligados a registrar ante Hacienda una buena parte de sus pasivos.

Mucha tinta se derramó en torno al caso Moreira. Quizá por ello, parecía que habíamos aprendido la lección. Nada más falso. La administración Duarte en Veracruz es la mejor prueba de ello. Estamos ante historias paralelas de patología crediticia.

El monto exacto de la deuda veracruzana es imposible de determinar, a partir de la información disponible. Los cálculos más conservadores hablan de una cifra cercana a 43,000 millones de pesos. El candidato independiente a la gubernatura, Juan Bueno, ofrece la cifra más alta. Ponen el total por arriba de los 100,000 millones. Son pasivos no bancarios y deudas con otras entidades públicas, como ayuntamientos y universidades, las que explicarían parte de esta gran diferencia. Cualquiera que sea la cifra correcta, lo cierto es que la deuda de Veracruz es superior a las participaciones federales que recibe. El servicio de la deuda pasó de 581 millones de pesos en el 2010 a 4,679 millones en el 2015.

Duarte se aventó la parranda. A los veracruzanos les tocará pagar la factura que deja un gobernador que no tuvo freno en el estado ni más arriba. Quién gane la elección deberá dedicar más de 6,500 millones de pesos anuales para pagar capital e intereses. Su margen de maniobra será limitado, porque Javier Duarte se sirvió con la cuchara grande. Endeudó a una generación de veracruzanos.

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