Venezuela, una advertencia desde un país roto

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Enrique CamposLa Gran Depresión

Venezuela no siempre fue lo que es hoy: una dictadura en un país en quiebra y en plena crisis humanitaria. Hace no mucho tiempo esta nación sudamericana estuvo en la antesala de ser una potencia por toda la riqueza petrolera del Orinoco.

Venezuela no siempre fue lo que es hoy: una dictadura en un país en quiebra y en plena crisis humanitaria. Hace no mucho tiempo esta nación sudamericana estuvo en la antesala de ser una potencia por toda la riqueza petrolera del Orinoco.

Y hace menos tiempo la sociedad venezolana se hartó de las crisis económicas de finales del siglo pasado, de los actos de corrupción y las promesas incumplidas. Se convirtieron en una sociedad insatisfecha que no valoraba la parte positiva de lo que tenía y entonces escuchó el canto de las sirenas.

Hugo Chávez llegó al poder capitalizando todo ese descontento social, usó el sistema democrático que algún día tuvo Venezuela y logró radicalizar a una mayoría de votantes.

La semana pasada leía en el diario El Universal de Venezuela un artículo del periodista Freddy Marcano, titulado “Venezuela en búsqueda de un salvador” (sección Opinión, enero 22, 2018). Un texto escrito por alguien que padece la realidad de un país no sólo quebrado en lo económico sino roto en todo lo demás.

Leí el texto de alguien que sufre junto con su país desde la perspectiva de quien recibe la advertencia de no errar el camino en un afán de castigar a las instituciones.

Escribió Marcano en ese artículo que a su modo de ver la desesperación y la falta de compromiso con ellos mismos y su país los ha llevado a tomar decisiones erradas y a buscar caminos fáciles y rápidos.

Abunda este periodista que en Venezuela el error más grave fue haber perdonado a aquellos que en la década de los 90, aprovechando el descontento de ese momento, atentaron contra las instituciones democráticas y que después ese grupo presentó promesas falsas a la gente deseosa de soluciones.

Dice que unos pocos años después cuando los venezolanos se dieron cuenta del abismo en el que se habían metido, ya su gobierno se había blindado y protegido para incrustarse más en el poder.

¿Puede alguien dudar de la precisión de este diagnóstico sobre la situación de Venezuela? ¿Hay alguien que goce de cabal salud mental que pueda defender los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro a estas alturas?

El pronóstico más reciente del Fondo Monetario Internacional sobre la economía venezolana adelanta este año una caída de su Producto Interno Bruto de 15% y una inflación de 13,000% (sí, trece mil por ciento).

Es una economía que ya se derrumbó 16.5% durante el 2016 y 14% el año pasado. Son un país latinoamericano que no tiene alimentos, ni libertades, ni elecciones libres.

Son una nación que en la credibilidad que le dieron a las promesas más absurdas lo perdieron todo.

Cierra este periodista venezolano su artículo, valiente y arriesgado por la represión que ejerce su gobierno en contra de la libertad de expresión, que la salvación de Venezuela no está en un mesías de ocasión, depende de todos. Nunca deleguemos, nunca esperemos al líder externo, busquemos en nosotros mismos y actuemos.

Lo escribe quien ya vive en la desgracia de un país quebrado y roto. Por eso leamos para nosotros mismos que la salvación de México no está en un mesías de ocasión.

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