Un sueño posible


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Carlos MarínEl asalto a la razón

Con una Ley de Seguridad Nacional de 2005 por completo desactualizada (anterior a las guerras de Calderón y Peña contra la narcodelincuencia) y cuya reforma, por mezquindad política, el Senado puso en la hielera desde el sexenio anterior; con la irresponsable indefinición del Congreso para el ideal mando único policiaco (o de perdida el mando mixto), y con la miserable postergación de la Ley de Seguridad Interior que se necesita para enfrentar al crimen en condiciones especiales y a plazo fijo, todo indica que, por fin, el Legislativo la sacará antes de dos semanas, luego de años de escamoteársela a las fuerzas armadas y, sobre todo, a la sociedad.


Con una Ley de Seguridad Nacional de 2005 por completo desactualizada (anterior a las guerras de Calderón y Peña contra la narcodelincuencia) y cuya reforma, por mezquindad política, el Senado puso en la hielera desde el sexenio anterior; con la irresponsable indefinición del Congreso para el ideal mando único policiaco (o de perdida el mando mixto), y con la miserable postergación de la Ley de Seguridad Interior que se necesita para enfrentar al crimen en condiciones especiales y a plazo fijo, todo indica que, por fin, el Legislativo la sacará antes de dos semanas, luego de años de escamoteársela a las fuerzas armadas y, sobre todo, a la sociedad.

Miguel Ángel Osorio afirma que el Presidente “impulsará” la aprobación “hasta el límite de la separación de poderes”.

Tarde pero a tiempo: una ley en que se defina, establezca y verifique la ruta crítica para tener corporaciones policiales eficaces, y que precise procedimientos y tiempos para que los militares de tierra, mar y aire vuelvan a sus cuarteles después de participar en apoyo de las policías que hoy son insuficientes o incapaces.

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  1. Libertad, Cervantes y Dante José

    En oportuna coincidencia con la publicación en más de 300 periódicos estadunidenses de editoriales condenatorios de la embestida de Trump contra los medios (“enemigos del pueblo”, les llamó), un muy querido amigo me puso en suerte un ensayo del guatemalteco Dante José Liano Quezada sobre la segunda parte (capítulo 58) del Quijote de La Mancha, donde Cervantes pone en labios del hidalgo:

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