Un sueño posible


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Carlos MarínEl asalto a la razón

Con una Ley de Seguridad Nacional de 2005 por completo desactualizada (anterior a las guerras de Calderón y Peña contra la narcodelincuencia) y cuya reforma, por mezquindad política, el Senado puso en la hielera desde el sexenio anterior; con la irresponsable indefinición del Congreso para el ideal mando único policiaco (o de perdida el mando mixto), y con la miserable postergación de la Ley de Seguridad Interior que se necesita para enfrentar al crimen en condiciones especiales y a plazo fijo, todo indica que, por fin, el Legislativo la sacará antes de dos semanas, luego de años de escamoteársela a las fuerzas armadas y, sobre todo, a la sociedad.

Con una Ley de Seguridad Nacional de 2005 por completo desactualizada (anterior a las guerras de Calderón y Peña contra la narcodelincuencia) y cuya reforma, por mezquindad política, el Senado puso en la hielera desde el sexenio anterior; con la irresponsable indefinición del Congreso para el ideal mando único policiaco (o de perdida el mando mixto), y con la miserable postergación de la Ley de Seguridad Interior que se necesita para enfrentar al crimen en condiciones especiales y a plazo fijo, todo indica que, por fin, el Legislativo la sacará antes de dos semanas, luego de años de escamoteársela a las fuerzas armadas y, sobre todo, a la sociedad.

Miguel Ángel Osorio afirma que el Presidente “impulsará” la aprobación “hasta el límite de la separación de poderes”.

Tarde pero a tiempo: una ley en que se defina, establezca y verifique la ruta crítica para tener corporaciones policiales eficaces, y que precise procedimientos y tiempos para que los militares de tierra, mar y aire vuelvan a sus cuarteles después de participar en apoyo de las policías que hoy son insuficientes o incapaces.

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  1. Palomita y tache

    Aunque mal escritas, las preguntas que se formulan para la consulta sobre el entuerto aeroportuario se antojan sensatas y esto debe reconocerse.

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