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No hace falta más que un análisis del ADN político de los integrantes del Partido Revolucionario Institucional y el Movimiento de Regeneración Nacional para darse cuenta de que comparten muchos más antecedentes de los que quieren aceptar.

Son como los gringos güeros que entrevistó Aeroméxico para su genial campaña que, a pesar de detestar públicamente a los mexicanos, en su sangre corren genes de la raza de bronce.

Pero más allá del expriismo de muchos morenistas, empezando por el propio presidente de la República, hay que ver que algunas de las políticas que impulsa el gobierno actual se parecen mucho a la agenda tricolor de hace algunas décadas.

Es terrible el cinismo de la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, quien dice que PRIMOR se oye mejor que PRIAN. Sobre todo, después de que su partido vivió políticamente de denunciar los acuerdos políticos entre los otrora poderosos partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional. Pero tiene toda la razón, más allá del afortunado juego de palabras, que deja ver una primorosa unión de ideologías, hay mucho mayor coincidencia entre ambas formaciones políticas.

El PRIAN dio vida a muchas de las reformas estructurales que hoy están muertas o amenazadas, como la educativa o la energética.

Un gran acierto del gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto, que se diluyó con las pifias del ejercicio del poder, fue la posibilidad de llegar a acuerdos políticos para impulsar cambios.

Y fue tan efectivo su trabajo político que además del PRIAN, el expresidente Peña logró un muy controvertido acuerdo con el PRD, cuando ese partido todavía gozaba con la militancia de Andrés Manuel López Obrador.

La mal llamada reforma fiscal fue producto de la unión de los votos legislativos del PRI con el aval de la izquierda en las cámaras de diputados y senadores.

Éste es un antecedente importante del PRIMOR, porque es contemporáneo y porque hoy el gobierno actual goza de los beneficios recaudatorios del paquetazo fiscal de Peña Nieto. El PRI se ha convertido en el aliado del gobierno morenista en esos momentos donde su apabullante mayoría no alcanza.

En Puebla, la unidad de estos dos despeja el camino para cumplir las ambiciones políticas de arrebatar la gubernatura al PAN, después de la desgracia.

Y en el Congreso de la Unión, el PRI aportó a Morena los votos suficientes para emprender un cambio constitucional para crear la Guardia Nacional. El PRIMOR alcanzó esa mayoría calificada que las urnas no aportaron al presidente López Obrador.

Pero para eso es la política, para alcanzar acuerdos, para convencer a los opositores de hacer cambios que consideren en beneficio de los gobernados.

No hay un error más grande que el cometido por los que ahora gobiernan: condenar a los partidos políticos que votan en conjunto.

Hoy que están al frente del Ejecutivo aceptan el valor de los acuerdos.

Hoy que el PAN está convertido en esa oposición a ultranza, el PRI tiene la responsabilidad de saber a qué olas subirse y a cuáles no.

La mayoría del PRIMOR puede hacer cambios en materia fiscal y financiera a nivel constitucional que pudieran poner en peligro la estabilidad macroeconómica en el nombre del proyecto de nación de López Obrador.

Por lo tanto, el tricolor debe ser muy cuidadoso con los alcances de este PRIMOR que recién salió del clóset.