Un decálogo liberal

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Héctor Aguilar CamínDía con día

Ahora que se abrió una inesperada rendija de discusión sobre lo que es un liberal y lo que es un conservador, el azar me llevó a un sitio de citas y aforismos, brainpickings (http://bit.ly/1LgBrcr), y encontré ahí el “micromanifiesto” que Bertrand Russell publicó en su autobiografía bajo el título: “Un decálogo liberal”.

Ahora que se abrió una inesperada rendija de discusión sobre lo que es un liberal y lo que es un conservador, el azar me llevó a un sitio de citas y aforismos, brainpickings (http://bit.ly/1LgBrcr), y encontré ahí el “micromanifiesto” que Bertrand Russell publicó en su autobiografía bajo el título: “Un decálogo liberal”.

Dice así (traducción libre):

1. No te sientas absolutamente seguro de nada.

2. No creas que vale la pena disfrazar los hechos porque los hechos terminan saliendo a la luz.

3. No dejes de pensar porque estás seguro de ganar.

4. Cuando enfrentes una oposición, incluso si es la de tu esposo o tus hijos, trata de vencerla con argumentos y no con actos de autoridad, porque la victoria que depende de la autoridad es irreal e ilusoria.

5. No tengas respeto por la autoridad de otros, pues siempre hay autoridades encontradas.

6. No uses tu poder para reprimir opiniones que juzgas perniciosas porque si lo haces, serás esclavo de tus opiniones.

7. No temas ser excéntrico en lo que opinas  porque lo aceptado hoy fue excéntrico ayer.

8. Disfruta del desacuerdo inteligente más que del acuerdo pasivo porque, si valoras la inteligencia como se debe, lo primero implica un acuerdo más profundo que lo segundo.

9. Sé escrupuloso con la verdad, incluso si es inconveniente, porque la verdad es más inconveniente cuando tratas de ocultarla.

10. No envidies la felicidad de los que viven en paraísos para tontos porque solo un tonto puede pensar que eso es felicidad.

El decálogo fue publicado originalmente el 16 de diciembre de 1951 en The New York Times Magazine, al final de un artículo que llevaba por título: “La mejor respuesta al fanatismo: el liberalismo”.

Creo que no tiene desperdicio y puede utilizarse como una varita de medir: el propio liberalismo y el de los demás.

Me temo que una honrada respuesta a los desafíos mentales y morales que el decálogo plantea demostraría que el liberalismo a la Russell es todavía una rara avis en nuestra cultura política y en nuestra discusión pública.

Creo que mi amigo Jesús Silva Herzog-Márquez saldría bastante bien librado de la prueba.

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