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Wilbur Ross se retiraría de sus negocios para administrar una oficina que tiene 47,000 empleados y un presupuesto anual de 8,000 millones de dólares.

No estoy en contra del Libre Comercio, sino del Comercio a lo Tonto (…) Somos el mayor comprador del mundo y debemos tratar a los países que nos venden como si fueran nuestros proveedores”. Estas palabras sirven para entender un poco la visión del hombre que estará frente a México en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Tiene 78 años, se llama Wilbur Ross y es coleccionista de pinturas del surrealista René Magritte. Tiene un apodo que produce curiosidad, el Rey de las Bancarrotas. Es un banquero de inversión que se ha especializado en comprar empresas en quiebra, sanearlas y venderlas con grandes beneficios. Desde el 2000, ha invertido en 178 compañías de cuatro sectores: acero, carbón, textil y autos. Su fortuna es cercana a los 3,000 millones de dólares.

Fue uno de los asesores económicos de Donald Trump en la campaña. Antes, ayudó a Bill Clinton en la estrategia comercial frente a Rusia y a Rudolph Giuliani en un programa de privatización en Nueva York. Es uno de los principales promotores de algunas propuestas de campaña de Trump, entre ellas la puesta en marcha de un gran plan de infraestructura y recortes impositivos para las corporaciones, desde 35% actual hasta 15 por ciento.

Es partidario de un endurecimiento en la política comercial de Estados Unidos. No hay registro de declaraciones contrarias hacia el comercio con México, pero abundan las citas adversas respecto a China, en particular en temas como la producción del acero. A pesar de ello, descarta la posibilidad de llegar a un enfrentamiento abierto con el Dragón. “Para reducir nuestro déficit, no se necesita poner impuestos de 45% a todo (…) No habrá guerra comercial”, ha dicho.

El Rey de las Bancarrotas se retiraría de sus negocios para entrar en el Gobierno. A él le corresponderá administrar una oficina que tiene 47,000 empleados y un presupuesto anual de 8,000 millones de dólares. La Secretaría de Comercio produce algunas de las principales estadísticas económicas, entre ellas el Censo, pero su principal tarea es ser el vínculo entre las grandes empresas y la Casa Blanca. Una misión clave para esa oficina es abrir mercados externos para las empresas de Estados Unidos, de acuerdo con Donald Evans, que fue secretario de Comercio con George W. Bush.

Si el Senado lo confirma como secretario del Comercio, él sustituirá a otra persona del club de los billonarios. La actual secretaria, Penny Pritzker, es heredera de la familia que fundó los hoteles Hyatt. Más allá de los billones, no hay muchas coincidencias. Pritzker es la arquitecta del acuerdo Transpacífico. Wilbur Ross ha sido clave para que Trump tome la decisión de enterrar el TPP.

Él estará sentado en la mesa frente al equipo de negociadores que México designe para modernizar o reestructurar el TLCAN. Será un hueso duro de roer, entre otras cosas porque su posición en comercio internacional tiende al proteccionismo. “Muchas empresas de Estados Unidos hacen grandes negocios globales, pero el libre comercio es como la comida gratis… no existe. En el comercio, alguien gana y alguien pierde”, dijo en una entrevista con Lou Dobbs de la cadena Fox en agosto. “Estados Unidos ha estado perdiendo en algunos de esos estúpidos acuerdos que ha firmado”.

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