Negó su relación de casi 20 años con Epstein “y otras cosas”, diciendo que la periodista “debía estar avergonzada, porque él no es ninguna de esas cosas”
Por primera vez en meses, los grandes titulares no fueron acerca de la difusión de los archivos de Jeffrey Epstein (aunque sí salieron a relucir), sobre la multimillonaria guerra contra Irán en que Estados Unidos está atrapado, o el cada vez más alto costo de la vida; todo lo contrario a las promesas que permitieron al presidente Donald Trump regresar a la Casa Blanca.
Tal y como Karoline Leavitt dijo antes a un reportero de la cadena Fox News, en la cena se registraron “algunos balazos” que resonaron en el salón de banquetes, en que había casi 3 mil personas.

Cole Thomas Allen, ingeniero egresado del Instituto de Tecnología de California (Caltech), convirtió en una noche agitada, tensa y tormentosa la tradicional Cena Anual de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, en el Hotel Washington Hilton, a la que el presidente Donald Trump asistió por primera vez, luego de ignorarla en 2025 y boicotearla durante todo su primer mandato, por su tensa relación con los medios.

Breve e intempestiva actuación de seis segundos de Allen, de 31 años de edad, antes de ser herido y sometido, contrastó con su largo viaje por tren, de Los Ángeles a Chicago y finalmente a Washington, para lo que explicó así en un manifiesto que envió a sus familiares: “no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”.

Lo que sí estuvo en riesgo fue la continuidad de la línea de sucesión del gobierno de la nación más poderosa del mundo, porque se ignoró el protocolo de “Sobreviviente Designado” —establecido en la Ley de Sucesión Presidencial de 1947 y la Enmienda 25 de la Constitución—.
El Sobreviviente Designado es un integrante del gabinete seleccionado por el presidente, que no asiste a eventos especiales de seguridad nacional, como informes de gobierno o como la cena de corresponsales, a donde acuden el presidente, vicepresidente, líderes de las cámaras alta y baja del Congreso y el secretario de Estado, que forman parte de la línea de sucesión presidencial.
Y debe permanecer en una locación segura para que, en caso de un ataque natural, catastrófico o terrorista que cobre la vida de todos, asuma la presidencia y toma de decisiones urgentes; lo que no ocurrió en esta ocasión, como destacó el congresista republicano Michael McCaul.
Las imágenes del caos, confusión, pánico y desconcierto de casi 3 mil asistentes al evento recorrieron el mundo en cuestión de minutos: lucha desesperada por la supervivencia, que los llevó a buscar refugio bajo las mesas, mientras policías con armas de asalto evacuaban —entre caídas y jalones— al presidente Trump, vicepresidente, líderes del Congreso e miembros del gabinete, de los que muchos, a gatas, trataban de ponerse a salvo.

Vestido aún con tuxedo, el presidente Donald Trump dijo en la Casa Blanca “estar consciente” de que “hacer grandes cosas, en beneficio del país, puede costar la vida, como ocurrió a los expresidentes Abraham Lincoln o William McKinley”.

Rápidamente capitalizó la situación para presionar por la reanudación de su Salón de Baile, en el sitio donde destruyó la histórica Ala Este de la Casa Blanca, asegurando que lo “piden con urgencia el Servicio Secreto y los militares”, lo que hace pensar que lo que en realidad quiere es que termine la construcción del búnker ultrablindado de la Casa Blanca y el complejo de viviendas subterráneo para integrantes de su gabinete, en el que seguramente se refugiaría para no abandonar la mansión presidencial, como trató de hacer en 2021, sin resultados.
Y repitió su repertorio de falsedades:
“Recibí un país en agonía, con una frontera abierta e invasión de criminales, abuso de socios comerciales, mala economía, que he transformado en el país más caliente del mundo, con relaciones lucrativas” y “ganancias, como en Venezuela y posiblemente en Irán; respeto y temor en el mundo, a diferencia de sus antecesores, que prefirieron no hacerlo”.
Así lo que repitió en entrevistas como la que concedió a la reconocida periodista Norah O’Donnell, del programa 60 Minutos de la cadena CBS, donde montó en cólera al ser cuestionado sobre la referencia al pedófilo, violador y traidor en el manifiesto de Allen.

Trump dijo: “esperaba la pregunta, porque eres una persona horrible, yo no soy violador y no he violado a nadie”.
Aparentando sorpresa, O’Donnell le respondió: “¡Oh…! ¿Creí que se refería a usted…?”.
“No soy un pedófilo, discúlpame, discúlpame, no soy un pedófilo, ¿usted cree eso de una persona enferma? Yo he sido asociado con muchas cosas que nada tienen que ver conmigo, fui totalmente exonerado”.
Negó su relación de casi 20 años con Epstein “y otras cosas”, diciendo que la periodista “debía estar avergonzada, porque él no es ninguna de esas cosas”.
Al aclarar que eso era lo que decía el presunto autor del atentado, que compareció este lunes ante una corte federal en Washington, D. C., Trump vociferó:
“Yo nunca —discúlpeme— usted no debería leer esas cosas en 60 minutos, es usted una desgracia, pero continúe, terminemos la entrevista” y, de nuevo, la calificó como “una desgracia”.
Rechazó ser un rey, por las manifestaciones de “No King”, en las que participó Cole Thomas Allen, quien estaba afiliado a una organización denominada “Wide Awakes” o Gran Despertar, cuyos orígenes se remontan a la Guerra Civil y al expresidente Abraham Lincoln.
“Si yo fuera un rey, no estaría aquí lidiando contigo, no soy un rey; no me da risa ver esos manifestantes de No Kings, fundado por el Southern Poverty Law Center, financiado por el KKK y otros grupos radicales”.
En la entrevista, calificó de “alegatos” las acusaciones de sus consignaciones criminales, de lo que evitó abundar. Se jactó de “ganar mucho dinero” de sus acusaciones de “difamación” a cadenas de televisión, como a CBS, que le pagó 38 millones de dólares, la BBC y otras.
Dijo que “el hecho de que ha logrado tantas cosas, que ha hecho más grande a Estados Unidos, que estaba agonizante, le ha hecho ganar muchos enemigos”, negando error alguno.
Asegura que “todo el mundo estaba contento con Joe Biden porque estaban sacando ventaja de Estados Unidos y ganando mucho dinero, lo que él impidió”.
La realidad es una muy diferente a la que plantea el presidente Trump; la economía languidece y enfrenta mayor inflación a consecuencia del alza de precios de la gasolina, alimentos e insumos necesarios para la producción agrícola, lo que se manifiesta claramente en la desaprobación de más del 66 % de estadounidenses, incluidos militantes de MAGA, su base política.
También por la guerra de Irán, que cuesta ya 65 mil millones de dólares, sin contar más de 25 sofisticados aviones radar y de combate, y que podría aumentar si decide lanzar una invasión terrestre para apoderarse —como ha afirmado— de yacimientos de petróleo de la antigua Persia, lo que ha generado fisuras en fuerzas políticas que lo habían apoyado, además de más de 700 casos desafiando sus políticas y órdenes ejecutivas, que podrían incrementarse con su obsesión de vengarse de quienes lo investigaron y lograron su consignación y convicción criminal, bajo la gestión de Todd Blanche, su abogado durante más de 15 años, ahora como procurador general de Justicia de Estados Unidos.

