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Siempre estará ahí el jitomate para hacer de las suyas con la inflación. Sus fluctuaciones y su alto consumo lo hacen de gran impacto en las mediciones de precios que hace el Inegi.

En la quincena pasada ahí está el jitomate ayudando a la histórica baja en plena cuesta de enero. Pero lo que ahora empezamos a ver con claridad en la inflación son los efectos de los cambios estructurales en la economía.

El primero que se quejaba del efecto adverso de los incrementos en los combustibles que triplicaban la inflación fue el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens. Hoy los precios de las gasolinas, por ejemplo, subieron apenas 1.9% para todo el año, lo que de paso modera cualquier incremento vinculado a este insumo.

Aquí no hay todavía un efecto directo de la reforma energética, porque eso podrá ser visible cuando inicie la libre competencia dentro de tres años. Sí hay que agradecer al cambio estructural energético que inició Estados Unidos hace más de una década que permitió que hoy bajaran los precios del petróleo y con ello la Secretaría de Hacienda moderó sus aumentos por decreto.

Otra reforma estructural que se nota influyó en que se lograra 3% de inflación anualizada de un plumazo desde 4% de diciembre pasado, fue la llamada reforma fiscal.

Y no es que haya que agradecer algún decremento en las tasas impositivas. Lo que sucede es que fue tan alto el impacto del ramalazo fiscal durante la primera quincena de enero del año pasado, que para la comparación estadística de este año, al quitar esa quincena e incorporar la de este año se ve esa reducción tan drástica. Así que gracias.

Un cambio que ya tuvo un impacto notorio fue la de telecomunicaciones. Con todo y los esfuerzos compensatorios de Teléfonos de México, al final hay un ahorro notable que se repartió entre la desaparición del cobro de la larga distancia nacional, el abaratamiento de la larga distancia internacional y una baja en la renta mensual.

Hay que ver que la mayor contribución a la baja inflacionaria llegó desde el sector agropecuario, de hecho desde el sector agrícola, cuyos precios bajaron en su componente de frutas y verduras 5.84% a diferencia de los productos pecuarios que siguen con su carrera loca y alcanzan ya una inflación anualizada de más de 13 por ciento.

En resumen, la primera quincena de enero permitió obtener un dato que desde el momento mismo en que se dio a conocer se ha cacareado desde el gobierno federal a toda hora. Lo bueno es que el exceso de autoagasajo gubernamental no provoca inflación.

Con la inflación exactamente en la meta y con una perspectiva estable, seguramente la Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico) sólo querrá conocer qué dice la Reserva Federal en su reunión de esta semana como para mandar al menos un mensaje dovish de su política monetaria, en respaldo al todavía ausente crecimiento dinámico de la economía.

Y si la Fed se mostrara relajada y sin prisas por subir las tasas, no habría que descartar que el Banxico nos regale una baja en su tasa de referencia, al menos por unos meses en lo que despiertan los halcones monetarios estadounidenses.