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Lo laboral será uno de los aspectos más conflictivos en la renegociación del Tratado de Libre Comercio. En México se está minimizando el asunto, pero en Estados Unidos la presión es enorme para lograr que el nuevo acuerdo sirva para hacer cambios de fondo.

Las restricciones a la libertad para crear sindicatos independientes en México es uno de los temas que más molesta/preocupa en Estados Unidos. Nuestras leyes lo garantizan, en teoría, pero la realidad es otra cosa.

La AFL-CIO, que agrupa a 12 millones de trabajadores en Estados Unidos, pugna por que pueda haber sindicatos supranacionales en las empresas que tengan operaciones en dos o más países de América del Norte y tengan más de 500 empleados.

En este supuesto cabe una gran parte de la economía norteamericana “moderna”. La integración productiva es plena en industrias como la automotriz, aeronáutica, electrónica y alimenticia. Si esto ocurriera, existiría la posibilidad de que algunas industrias estarían obligadas a pagar sueldos y prestaciones similares en Estados Unidos, Canadá y México.

¿Cómo cambiarían las cosas con sindicatos supranacionales? Desde el punto en el que estamos, la mera pregunta pertenece a la categoría de la ciencia ficción. Hasta ahora, en la práctica, los sectores exportadores asentados en México no han tenido sindicatos fuertes y esto ha sido definitivo para atraer inversión: México garantiza alta productividad, gran calidad de mano de obra y sueldos bajos.

El demócrata Sander Levin, representante por Michigan, lo dice con claridad: “Para corporaciones e inversionistas, México ofrece las garantías de Ohio, mientras que para los trabajadores mexicanos, la situación se ha ido convirtiendo cada vez más en Honduras”.

Entre 1994 y el 2011, la productividad en el sector manufacturero mexicano se incrementó 80 por ciento. En el mismo periodo, los salarios y prestaciones cayeron 20% en términos reales.

Estados Unidos no se preocupa por los trabajadores mexicanos por razones humanitarias o de solidaridad. Quiere poner el tema en la mesa porque hay una doble afectación para ellos. En primer lugar, porque muchas empresas migran de Estados Unidos a México para aprovechar los bajos costos laborales. En segundo lugar porque se crean condiciones donde los trabajadores de Estados Unidos pierden capacidad de negociación y deben aceptar menores salarios, ante el riesgo de que la empresa venga a México (o compre robots, pero ése es otro tema).

Para México, la situación es muy compleja. Llevamos tanto tiempo operando con un modelo de competitividad donde los bajos salarios son parte central que no sabemos cómo salir de esa trampa. La discusión en torno al incremento al mínimo es un buen ejemplo: al Banco de México le preocupan los efectos inflacionarios y a los empresarios, el impacto en sus costos. Los sindicatos ni siquiera son protagonistas en la discusión.

En el contexto de la renegociación del TLC, México apuesta por que el asunto laboral se diluya en un mar de temas o bien, que se le tome en cuenta a México los cambios en legislación laboral. Eso no pasará. El tema estará en el centro porque interesa a los opositores a Trump y a algunos de sus aliados. Ellos no presionarán para que se corrija nuestra legislación. Se concentrarán en que se cumpla lo que dice. Quieren incluir sanciones comerciales por asuntos laborales. ¿Cómo nos iría si Estados Unidos se sale con la suya en este asunto?

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