TLC: México tiene un arma, compras de Gobierno


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Luis Miguel GonzálezCaja Fuerte

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En la quinta ronda, los reflectores estuvieron en la discusión de reglas de origen para la industria automotriz. Por eso pasó casi inadvertida la advertencia que México lanzó a Estados Unidos en compras de Gobierno: si hay proteccionismo en Estados Unidos, México responderá con la misma moneda.

Es David contra Goliat, pero México tiene en sus manos algo más que una simple honda de campesino con una piedra. Las compras de Gobierno valen miles de millones de dólares y, hasta ahora, las empresas de Estados Unidos han tenido las puertas abiertas en México. Hay sectores donde ellos dominan la proveeduría: una empresa aseguradora con sede en Nueva York es el mayor proveedor de seguros para burócratas federales y más de la mitad del software que compra el Gobierno mexicano corresponde a empresas de Estados Unidos.

¿Es un bluff de México o la amenaza va en serio? El hecho es que el equipo negociador de Estados Unidos ha puesto en la mesa una propuesta que el equipo que encabeza Ildefonso Guajardo no podría dejar pasar sin respuesta. Washington quiere limitar el monto de contratos que se otorgan a compañías de México y Canadá. El límite estaría definido en función del monto de los contratos públicos que las empresas de Estados Unidos ganen en México y Canadá.

La contrapropuesta de México implicaría la aplicación de una Ley del Talión comercial: ojo por ojo, diente por diente. Las empresas estadounidenses no podrían ganar más contratos en el sector público de México de los que hayan ganado empresas mexicanas en el sector público de Estados Unidos. Cabe aclarar que ganan muy pocos contratos.

¿Qué pasará en esta “guerra” de las compras públicas? Este asunto debe ser visto en el contexto general de la negociación. Esta no va avanzando al ritmo y en la dirección que se preveía en agosto. Hay caos y estancamiento. Sigue vigente el riesgo de un quiebre en la negociación. La sombra del proteccionismo aparece en cada uno de los capítulos.

El mensaje con el que Robert Lighthizer se despidió de la quinta ronda en la ciudad de México merece ser leído con atención. El negociador en jefe de Estados Unidos reprocha a los negociadores de México y Canadá su falta de voluntad para llegar a acuerdos que rebalanceen el comercio en la región de América del Norte. Me preocupa la falta de avances, dice Lighthizer, “nuestros equipos se reunirán el mes próximo en Washington. Espero que nuestros socios vengan a la mesa con propuestas serias, de tal manera que podamos ver avances significativos antes de que termine el año”.

A este reproche respondió Ildefonso Guajardo en un tono conciliatorio. México está dispuesto a analizar las propuestas de Estados Unidos en lo relacionado con reglas de origen, dijo el secretario de Economía. Si está dispuesto a revisar eso, uno de los temas torales del TLCAN, podemos suponer que está en disposición de revisar casi todo.

Ceder o apretar, ése es el dilema de México. El equipo negociador mexicano expresa, en sus contradicciones, la frustración de tener en frente a un negociador tan marrullero. No estaría mal que en estas noches de insomnio relean The Art of the Deal, de Donald Trump. Ahí va una cita de ese libro: “Mi estilo de negociar es simple y directo. Apunto muy arriba y empujo una y otra vez para conseguir lo que busco. Algunas veces me conformo con menos de lo que buscaba, pero en la mayoría de las veces consigo lo que quiero”. Ceder o apretar, ése es el dilema.