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Como parte de los programas de estímulos monetarios no convencionales, los bancos centrales de Europa (BCE), Japón (BoJ) y de otros países, como Dinamarca, Suecia y Suiza, se han embarcado en un experimento pocas veces utilizado que busca combatir la deflación: la implementación de tasas de interés negativas.

Esta decisión significa que estos bancos centrales ahora le cobran intereses, en lugar de pagarles, a los bancos por guardar su exceso de liquidez.

El mecanismo de libro de texto mediante el cual las tasas negativas combaten la deflación y estimulan la actividad económica es a través de la disponibilidad de crédito. Al establecer tasas de referencia negativa, los bancos se ven penalizados por mantener recursos ociosos en su balance, lo cual en teoría los debe incentivar a aumentar su oferta de crédito en condiciones más favorables para los agentes que demandan crédito, que, a su vez, utilizarían estos recursos para expandir su consumo o para financiar proyectos de inversión.

En la realidad, la efectividad de este mecanismo depende de si realmente existe suficiente capacidad de endeudamiento entre los agentes económicos. Si la demanda de crédito está topada por la capacidad de endeudamiento o una falta de apetito a apalancarse, de nada sirve que la oferta de crédito aumente.

Al día de hoy, es temprano para analizar la efectividad de estas medidas para combatir la deflación en la zona euro y en otros países. Hasta ahora, lo único que queda claro es que los bancos han sido los más afectados, ya que aún no han traspasado a los ahorradores el costo de mantener la liquidez ociosa.

Por ahora, los ahorradores reciben, en el peor de los casos, un rendimiento de 0% por mantener sus ahorros en una institución bancaria, pero esto podría cambiar. Ahora bien, en un contexto donde la incertidumbre se ha adueñado del pensamiento de los agentes económicos y donde la Reserva Federal (Fed) ha utilizado prácticamente todas las herramientas en su arsenal de política monetaria, menos las tasas de interés negativas, muchos observadores se preguntan si la Fed seguirá el mismo camino que el BCE y el BoJ en caso de que la economía estadounidense se dirija a una nueva recesión.

Para algunos expertos, como el expresidente de la Fed, Ben Bernanke, la reserva debe considerar seriamente este tipo de medidas para enfrentar futuros descensos en la actividad económica.

Aunque la Fed, bajo el mando de Bernanke, descartó esta herramienta aun en los momentos más álgidos de la crisis, la realidad es que en ese entonces la Fed contaba con un arsenal fresco de medidas de política monetaria para utilizar. La primera decisión fue situar las tasas de interés de referencia en cero y después implementar un programa de estímulos cuantitativos, es decir, imprimir dinero para comprar instrumentos de deuda federal y deuda respaldada por hipotecas.

Aunque estas medidas sin duda tuvieron un impacto muy positivo en los mercados y ayudaron a estabilizar a los sistemas financieros, su resultado en términos de crecimiento económico y combate a la deflación han tenido rendimientos decrecientes.

En la actualidad, el arsenal de herramientas de política monetaria se ha mermado considerablemente, y, en caso de una fuerte desaceleración en la actividad económica, la Fed tiene dos opciones: i) revertir el curso bajando la tasa de interés y reactivando su programa de estímulos cuantitativos sabiendo que la efectividad de dichas medidas podría ser limitada; o ii) seguir los pasos del BCE y el BoJ para establecer tasas de interés negativas.

Aunque no se puede descartar un escenario de tasas negativas en EU, sí se antoja como un escenario poco probable en el corto y mediano plazos.