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Es culpa de la baja del petróleo, el alza del dólar, la volatilidad financiera, la lluvia, la playa…

En aquellos días en que en este país se buscaba combatir la hiperinflación que superaba 150% al año, se diseñó un esquema al que llamaron Pacto de Estabilidad Económica que tenía como principio en el papel que todos los sectores pondrían de su parte para contener las presiones inflacionarias.

Evidentemente que unos pusieron más que otros. Los más afectados fueron los asalariados con la contención de los incrementos a sus percepciones, después vino el sector privado que contuvo en menor medida los aumentos en los precios de sus productos y al final el más laxo y menos solidario fue el gobierno federal que siguió con los aumentos, por ejemplo, de los precios de sus bienes y servicios en un porcentaje superior al resto.

Hoy no hay grandes inflaciones que combatir, pero hay una actitud similar de dar paso primero a las necesidades gubernamentales antes que las urgencias de otros sectores.

El gasolinazo recetado a partir de hoy es una inmejorable muestra de cómo el gobierno federal no se toca el corazón para subir el precio de un producto altamente inflacionario, pero también destacadamente importante para aumentar la recaudación.

Está claro que tras las luces de alerta ya en tono rojizo de los mercados sobre el deterioro de las finanzas públicas, hace falta dinero. Y como no son tan buenos para dejar de gastar, tienen cerrada la puerta de modificar la carga fiscal, pues el impuesto especial a las gasolinas quedó muy a mano para aportar algo de lo perdido con los ingresos petroleros.

El primer daño colateral es para Pemex que es al final del día un balazo en el pie, porque el aval gubernamental es el propio gobierno, por más que ahora lleve el eufemístico mote de empresa productiva del Estado.

Pero a la par que suben las gasolinas, los que tienen que aportar su dotación de sacrificio, otra vez, son los trabajadores.

No hay condiciones para subir los salarios mínimos, dice Alfonso Navarrete, desde la Secretaría del Trabajo y a nombre del gobierno de Peña Nieto.

Es culpa de la baja del petróleo, el aumento del dólar, la volatilidad financiera, la lluvia, la playa, la noche…

Eso sí, se han dado las condiciones para aumentar dos veces y fuerte el precio de las gasolinas. Pero los salarios no. Imposible, ayudan en el coro gubernamental los dirigentes empresariales.

Navarrete Prida se lava las manos y tira la piedra al Congreso. Los senadores no han aprobado la nueva unidad de medida y por lo tanto un incremento implicaría subir multas, créditos, el costo de las vacaciones, dice.

Esto que parece un asunto de agendas legislativas está claro que se trata de una estratagema política. No hay un solo partido político que se oponga en el discurso a elevar los salarios mínimos. Al contrario, algunos han encontrado en el tema la manera de especular en su favor.

Pero tampoco hay uno solo de ellos que se atreva a presionar para la aprobación del apartado reglamentario de la unidad de medida. Ninguno.

Es como en los tiempos de los pactos: estamos ante la necesidad de un ajuste. Hoy se trata de un ajuste fiscal, no inflacionario. Por lo tanto hay que hacer sacrificios. Así que fórmense en la fila del sacrificio por la patria.