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Era más probable presenciar un derrumbe histórico en los precios del petróleo si fallaba el acuerdo entre los productores que un regreso a los niveles de bonanza de las petroleras de la década pasada.

La verdad es que las naciones productoras de crudo y en especial las agrupadas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) son conocidas por su dificultad de ponerse de acuerdo y su proclividad por incumplir lo poco que acuerdan.

Por eso es que ahora que la OPEP logró este acuerdo para reducir en más de 1 millón de barriles diarios su producción de crudo, se generan los dos sentimientos: la sorpresa y el escepticismo.

Tenía más de ocho años que los integrantes de este cártel no se ponían de acuerdo, con todo y que, vaya, que hubo oportunidad y necesidad de hacerlo.

Un acuerdo así tendría múltiples repercusiones en todo el mundo. Desde la referencia histórica que implicaría que iraníes y sauditas hicieran algo de manera coordinada y acordada, hasta los impactos inflacionarios que tendría un alza en los precios de los energéticos.

Se trata de un acuerdo que en todo caso podría poner un techo a la producción. No se trata de una limitación a los barriles que bombean, simplemente es poner un alto a la carrera frenética que desataron los árabes hace más de dos años de pretender eliminar la competencia a través de inundar el mercado con hidrocarburos.

Por ahora, se fijarían niveles altos que todavía el mercado mundial sigue consumiendo a un nivel moderado, en función del lento crecimiento mundial que hay.

Pero que eventualmente podría mejorar el precio del crudo en la medida en que las grandes regiones del mundo presentaran un crecimiento más robusto. Eso puede llevar tiempo.

Por lo pronto, la primera reacción es siempre la de los mercados financieros y recibieron el principio del acuerdo con frenesí. Los precios subieron inicialmente de manera importante para después recoger alguna utilidad y moderarse.

Las monedas ligadas al petróleo, como el peso mexicano, recibieron también su dosis de apapacho en el mercado. Sin que, en el caso de nuestra moneda, realmente esta noticia le cambie la suerte de tener de vecino a Donald Trump.

Lo cierto es que en casos como el de México, o incluso el de Arabia Saudita, lo que hay es una oportunidad de cambiar la historia de países petroleros a naciones más diversificadas.

México se vio forzado a cambiar su perspectiva fiscal con el derrumbe de los precios del crudo y ha tenido que aprender a vivir con otro tipo de ingresos. Desafortunadamente, la mala reforma fiscal aprobada hace unos años ha llevado a recurrir al endeudamiento para completar el gasto público.

Como sea, lo ideal es no dar un paso atrás en este abandono de la dependencia fiscal del petróleo. Sería una pena, en caso de que realmente mejoraran los precios del crudo, dejarse caer otra vez en las mieles del dinero de la exportación del petróleo crudo para completar las cuentas del gasto corriente. Eso siempre ha sido una aberración, pero me parece que hoy se entiende de una forma más clara.

Hay que tener precaución con el acuerdo logrado porque ya sabemos que pueden incumplirlo y, por lo tanto, hay que tomar decisiones prudentes en función de la fragilidad de los acuerdos de la OPEP.