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Una cosa es depender de la economía de Estados Unidos porque es el mercado de 80% de nuestras exportaciones y otra es tener que prenderle veladoras a una candidata.

Quizá Hillary Clinton no fue la mayor ganadora del debate presidencial. Ese honor le corresponde a Carlos Slim Helú. El magnate mexicano vio crecer su fortuna en 1,300 millones de dólares, en medio de una ola de especulación posdebate que hizo subir 2.13% al peso y 1% a la Bolsa mexicana.

En todo el mundo, nadie ganó más que Slim en la jornada del 27 de septiembre, de acuerdo con el índice de billonarios Bloomberg, que reporta los cambios de las grandes fortunas en tiempo real. Otro que registró ganancias exuberantes fue Alberto Baillères, el segundo hombre más rico de México. Su fortuna creció 410 millones de dólares el día después del debate.

Vivimos tiempos raros. Nunca un concurso de oratoria política había tenido tanta influencia sobre México. Si Trump hubiera ganado el debate, podríamos estar hablando de una nueva depreciación del peso; de una caída de la Bolsa y, seguramente, de un día diferente para las fortunas de Slim y Baillères.

Donald Trump nos ha colocado en una situación inédita: el comportamiento del tipo de cambio peso/dólar depende más de los sube y bajas de la contienda electoral de Estados Unidos que de las variables económicas fundamentales. Por el momento, importan más las señales que recibimos de las encuestas que el nivel de las reservas del Banco de México; el precio del petróleo o la opinión de una agencia calificadora sobre el presupuesto 2017.

Así estaremos por siete semanas, cuando menos. De aquí al 8 de noviembre. Los mercados estarán de cabeza, procesando la información que llegue de Estados Unidos.

Lo vivido en torno al primer debate fue una probadita. Si Hillary Clinton gana, el tipo de cambio actual parecerá muy alto y se ajustará a la baja. Veremos una estampida de vendedores de dólares que provocarán una apreciación del peso y de las acciones de las empresas mexicanas. En vez de los 19.50-20.00 pesos por dólar, nos moveremos a un territorio más cercano a los 17.50 pesos.

Si Donald Trump se convierte en el próximo presidente de Estados Unidos, el peso se convertirá en una de las piñatas de los especuladores. Nos adentraremos aún más en la dimensión desconocida, con el tipo de cambio rompiendo el techo y acercándose a niveles de 24 o 25 pesos por dólar.

Nunca habíamos vivido una situación así. Una cosa es depender de la economía de Estados Unidos porque es el mercado de 80% de nuestras exportaciones. Otra muy diferente es tener que prenderle veladoras a una candidata, porque su derrota podría significar un terremoto económico. México no está en condiciones de renegociar el TLCAN frente a un enemigo declarado.

El triunfo de Clinton en el debate ha restaurado cierto sentido de normalidad en la contienda. Las casas de apuestas han vuelto a otorgar a Hillary entre 68 y 72% de posibilidades de ser la próxima presidenta.

¿Qué pasará después del 8 de noviembre? En el mejor de los escenarios, podremos dedicarnos a olvidar a Trump y ocuparnos de otros asuntos: la corrección del presupuesto 2017; la reanimación de una economía que se desacelera; la reestructura de la industria energética; la puesta en marcha del sistema nacional anticorrupción y el abatimiento de los altos niveles de inseguridad.

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