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Cuando las puertas se cierran solemos girar el cuerpo e ir hacia otro lado, un refugio nuevo, un restaurante diferente, un café desconocido en la esquina de esa calle o simplemente regresamos al mismo punto donde partimos.

Es como cuando éramos de esos jóvenes que nos quedábamos hasta al final de las fiestas y a los del lugar se les ocurría prender las luces como única alternativa para ahuyentarnos, entonces entendíamos que todo había terminado y era hora de partir.

Somos seres impertinentes y desasosegados que no solemos estar quietos, porque de otra manera nos aburrimos y nos fastidiamos con nosotros mismos.

Solemos andar moviéndonos de un lugar a otro, hasta distintos círculos sociales con temas distintos que no se mezclan, ni se presentan. Nos gustan las charlas múltiples y las amistades adecuadas para cada situación.

Así si de un grupo llega la manera de salir, caes como en una especie de sostén con los demás a tu alrededor.

El punto es que nos preocupamos por nunca estar solos, porque no suele gustarnos y porque eso nos inquieta.

Eso me han hecho pensar este par de mujeres españolas que caminan por una acera desolada, con los restaurantes y bares cerrados por la contingencia aquella que inició en marzo y creímos que lo superaríamos pronto.

La fotoperiodista Cati Caldera de la agencia EPA hizo esta fotografía en Palma de Mallorca, España como parte de la cobertura de la última decisión de su gobierno de cerrar restaurantes y bares a partir de las seis de la tarde y los centros comerciales a las ocho de la noche.

Siempre buscamos la manera de salir - cati-caldera-laura-garza
Mujeres caminan por Palma de Mallorca, España, en medio de negocios cerrados por COVID-19. Foto de Cati Caldera/EFE- EPA Photos

Dos mujeres de edad adulta que caminan de lado de un platillo muy español, que hasta podríamos saborear ese jamón serrano, el pan y la propia cerveza.

Le confieso que he mirado la fotografía como quien ve una obra de arte en un museo, el día de hoy he visto muchas imágenes alrededor del mundo de los temas más complejos y contundentes como el caso de Argentina, pero esta imagen me atrapó.

Entonces imagíneme viendo el monitor atónita, inmóvil, estática con los ojos clavados en esta señora que viste de manera combinada con el color gris de pies a cabeza y su compañera de color oscuro.

Una especie de amistad y cercanía como el ying y el yang, el blanco y negro, la que gusta del cabello lleno de canas y la que no lo soporta y se lo pinta cada 10 días. Una lleva el bolso a la izquierda y la otra a la derecha, una lleva bufanda, la otra una chamarra con cobijo hasta el cuello.

Estas dos mujeres son como la propia reverberación de usted y de mí, porque a raíz de habernos encerrado lo más posible desde el mes de marzo de este año, hemos ido buscando hacia dónde movernos para no quedarnos quietos.

Para no sentirnos tan perdidos sin nuestro restaurante favorito, nuestra mesa “de siempre”, el café con las amigas, o las cenas con tinto de los jueves.

Nos movemos como si nos hubieran cerrado las puertas de las cosas que hacíamos, hemos readaptado a convivir de manera virtual, pero sintiéndonos como nunca cercanos. Los mensajes, las fotos, los videos y los chats no paran en los móviles.

Porque, aunque no nos guste, le buscamos y lo hacemos.

Claro está que hay quienes lo han hecho de manera irresponsable con viajes, visitas a familiares, fiestas clandestinas o a la vista de todos.

Pero no todos, muchos hemos aprendido a reinventarnos y a buscar cómo cocinar esos platillos tan deliciosos por los que podíamos pasar el tiempo de espera necesario.

Ha sido un año de vestirnos del mismo color o de probar lo que estaba allí guardado en los armarios sin usar.

Se nos acabó el año y seguimos el camino, esperando que un día se abran esas persianas de los negocios, que podamos visitarnos, abrazarnos, salir a caminar sin temor a contagios y simplemente vivir más allá de las paredes de nuestro hogar.

Le deseo una buena celebración de año nuevo, pero sobre todo mucha salud y no deje de fotografiar este tan peculiar festejo que nunca olvidaremos.