Si Marco vive, ¿la lucha sigue?


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Carlos MarínEl asalto a la razón

A su padre, el joven le contó que dijo a los policías: “Están violando mis derechos, suéltenme porque les puedo pegar, sé taekwondo...”, y que les tiró una patada cuando intentaban someterlo.

A su padre, el joven le contó que dijo a los policías: “Están violando mis derechos, suéltenme porque les puedo pegar, sé taekwondo…”, y que les tiró una patada cuando intentaban someterlo.

Por su parte, los policías afirman que forcejeó, les advirtió que no se lo llevaran porque no hacía nada malo, que la captura iba contra sus derechos humanos, y que se negó a dar su nombre y cualquier otro dato.

Los testimonios (del padre y uniformados) sobre los derechos humanos indican que Marco Antonio gozaba de salud mental y coinciden también en que hubo lo que se define como resistencia de particulares a la autoridad.

Cualquiera que fuese el motivo del incidente, apareció con golpes, y una primera valoración psiquiátrica le encuentra síntomas de delirium mixto secundario a DHE (desequilibrio electrolítico por privación de agua y comida durante casi una semana, lo cual provoca baja de potasio, calcio, sodio y magnesio), y se traduce en: desorientación, delirio de persecución, pérdida de memoria y diarrea.

Lo enigmático es: ¿qué le pasó?

Lo insostenible, hasta hoy, es que hubo “desaparición forzada…”.

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