Minuto a Minuto

Internacional EE.UU. y Ecuador destruyen embarcación ligada a Los Choneros en el Pacífico
La embarcación estaba sancionada por EE.UU y, según autoridades, operaba para Los Choneros, grupo ecuatoriano señalado como narcoterrorista
Ciencia y Tecnología Todo listo para el lanzamiento del telescopio Roman, capaz de observar 2 mil galaxias
El telescopio Nancy Grace Roman estudiará más de 2 mil galaxias para medir la expansión del universo y descubrir nuevos exoplanetas
Internacional Tim Cook se despide de la dirección de Apple tras convertirla en un gigante de 4 billones
Tim Cook, de 65 años, pasará a ser presidente ejecutivo de la junta directiva y cederá el mando a John Ternus
Internacional Haakon VIII se dirige este sábado por primera vez como rey a la nación noruega
El rey Haakon VIII dará un discurso en memoria de su padre, el rey Harald, como marca la tradición tras la muerte de un monarca
Internacional Nepal eleva a 669 los muertos por la riada que ya deja casi 3 mil desaparecidos
La Policía de Nepal elevó a 669 los cuerpos hallados, principalmente en Chitwan, con 248, y Nawalparasi Este, con 158

Como sabe todo buen católico, Jesús de Nazaret, “fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre, todopoderoso”.

La pregunta es ¿a qué diablos descendió a los infiernos? Me ha contestado esta pregunta  Francisco Quijano, un lector, versado en los misterios de la muerte y la resurrección de Cristo, eso que la doctrina eclesiástica conoce como escatología.

En el año 404 de nuestra era, Rufino de Aquileia dejó constancia de que en el credo romano de entonces no se encontraba todavía “la cláusula: descendió a los infiernos”.

El primer testimonio de algo parecido, es una “confesión de fe” del año 359, escrita por Sirmio (en la Serbia actual), conocida como Credo Fechado. Dice a la letra: “Y nació de María Virgen, y convivió con sus discípulos. …fue crucificado y murió, y descendió a la [región] subterránea, y puso allí orden en todo… Los cancerberos del hades [lo] vieron y se estremecieron; y resucitó de entre los muertos”.

Explica Rufino de Aquileia:

“No es en detrimento ni en desdoro de la divinidad el que Cristo padezca en la carne; antes bien, para que se operase la salvación por la flaqueza de la carne…

“Es como si un rey se dirigiera a una cárcel y, entrando en ella, abriese las puertas, rompiese las cadenas, destruyese las argollas, los barrotes y las celdas, y liberase a los encarcelados. Se dice, pues, que el rey estuvo en la cárcel, pero no en las condiciones de quienes se hallaban encarcelados. Ellos lo estaban para purgar sus penas, él lo estuvo para liberar de las penas”. [Commentarium in symbolum apostolorum, 17]

La explicación de Rufino ha suscitado en mí una duda de teólogo descalzo, que es la siguiente: si Cristo bajó a los infiernos a liberar a quienes ahí estaban, pues acababan de ser redimidos por su muerte, ¿no quiere esto decir que terminó también con el infierno?, ¿que el infierno dejó de existir en ese momento y, por tanto, no existe más, y no hay infierno?

(A los lectores: Día con día regresa a este espacio el 9 de abril)

[email protected]