El presidente sí entiende. No va a la Cumbre Asia-Pacífico convocada por Estados Unidos porque no es ese su bando, sino el de los gobiernos que desprecian las reglas internacionales, invaden y reprimen. Mantiene a Cuba y hace relaciones públicas a Rusia.

Porque es mentira que el apoyo financiero a la dictadura cubana sea simbólico, y sólo para contentar a los radicales como Taibo o Noroña. La verdad es que México ya sustituyó a Putin y Maduro, en el suministro petrolero a la isla.

Y las relaciones públicas para Rusia van más allá de traer soldados rusos al Zócalo: el presidente mexicano propuso una tregua de Ucrania, para que las tropas invasoras rusas recuperen fuerzas antes de su próxima ofensiva dentro del territorio ucraniano.

Hasta llevó al embajador ruso al Senado para apoyar la invasión a Ucrania. El embajador de Putin aclaró que: “Rusia y México son aliados”. Bueno, lo son tanto, que en México es donde más espías rusos hay en el mundo, según informó el Pentágono.

Habiendo escogido México el bando del bloque ruso, para lo único que cuenta en Estados Unidos es para que contenga migrantes y cumpla sus ventas de manufacturas y productos agropecuarios; y sus compras de bienes de consumo, maquinaria y equipo.

Mientras vote a su favor en la ONU decisiones estratégicas importantes, sirva de policía migratorio y compre y venda lo que necesitan los estadounidenses, Washington se desentiende si este presidente es la ubre de Cuba, o publicista de Rusia.

El orden mundial que delinea Estados Unidos para los próximos 50 años no mira a México, sino a Australia, en el Pacífico; y a Reino Unido, en Europa, países con los que comparte idioma, valores democráticos, intereses estratégicos, geopolíticos e historia.

Por eso, Australia abandonó a Francia en la compra de submarinos de propulsión nuclear para la Royal Australian Navy: los compró a Estados Unidos y canceló su contrato con París. Porque las necesidades estratégicas, entre amigos, mandan.

Y, con el T-MEC cuesta abajo por las expropiaciones y renacionalizaciones en México, Estados Unidos prepara un acuerdo comercial con Gran Bretaña para que ésta supla las bajas económicas que le dejó el Brexit, al salir de la Unión Europea.

El resumen de todo esto se registró la semana pasada: el presidente mexicano no fue al G-20 y mandó en su lugar a una segundona en chanclas; mientras el dictador cubano anunciaba en La Habana, que México es nuevo miembro del bloque comunista mundial.

En fin, que México se aleja de su vecino y principal socio comercial, que además es el país más democrático y poderoso del mundo; y se acerca a gobernantes de ciudadanos desarrapados, esclavizados y en la miseria.

Tercer Mundo.