En un país donde sólo uno de cada 100 estudiantes está en nivel óptimo de aprendizaje en matemáticas, la encargada de la educación admite no tener idea de cómo un estudiante puede aprender matemáticas. Lo peor es que es honesta, pues hace una semana se encargaba de atender las quejas en el gobierno.

También fue honesto su jefe el presidente, al anunciarla como responsable de la educación de los niños mexicanos. Fue claro al explicar por qué la designó: “Es una gente de absoluta confianza”. Tampoco ha mentido sobre su desprecio al conocimiento, y a las carreras universitarias:

“Para irnos entendiendo mejor: nuestros funcionarios deben tener 90 por ciento de honestidad y 10 por ciento de experiencia. Quienes están graduados en universidades del extranjero y tienen doctorados, son deshonestos, y a nosotros lo que más nos importa es la honestidad”.

O sea, para irnos entendiendo, así es México hoy, y lo será por décadas si la Jefa de Gobierno es presidenta en 2024. Mejor que, quienes aún dudan, dejen de jugar con las palabras, pues el sistema de gobierno populista que siguen su jefe y ella, funciona porque la ignorancia mata a los pueblos.

Por eso es ideal, la actual secretaria de educación, para formar a los votantes de mañana, si no tiene idea de cómo pueden aprender a sumar y a restar los estudiantes: la idea es que no sepan. Como no saben, eh. México es el país peor evaluado en Educación, entre los 36 países que integran la OCDE.

México ocupa el último lugar en matemáticas, ciencia y lectura. Sólo tres de cada 10 estudiantes mexicanos está dentro del estándar de sumar y restar, de lectura y comprensión: una evaluación en que la coinciden las mediciones tanto de la SEP, como de la OCDE y la Prueba Pisa.

Pero conducir a la sociedad con base en la ignorancia no es un invento de la autollamada “Cuarta Transformación”: ésta sólo sigue la escuela de Hugo Chávez, continuada por Maduro, Ortega, Evo Morales, el kircherismo, Pedro Castillo, con un pastiche de menciones a Dios, a chamanes, a Lenin y a próceres locales.

En el cuarto año de gobierno, Chávez despidió en un día a 18 mil gerentes, ingenieros y técnicos de la estatal petrolera y los suplió con activistas políticos, que no pudieron echar a andar la empresa, y Venezuela hoy no produce gasolina y debe contrabandearla en Irán, aunque tiene las mayores reservas de crudo del mundo.

Después, Maduro tuvo que echar mano a contrabandista internacional que está preso hoy en Miami para poder conseguir combustible en el mercado negro mundial, pues PDVSA está destartalada. Este año, Venezuela estuvo 90 días sin gasolina.

La ignorancia mata a los pueblos.