Resultó que el grupo político que gobierna hoy terminó teniendo la lengua tan larga que se la está pisando: en la oposición, pedía evitar la militarización del país, porque la militarización traería el fascismo. Pero, ya en el poder, entrega el país a los militares, con el pilón de que controlen 435 millones de pesos diarios, más:

–Las ganancias de los aeropuertos civiles, para que los generales se paguen sus pensiones y demás prestaciones, hasta dentro de medio siglo, con el control de las casas de cambio de divisas, comercios al por menos que no aplican impuestos ni tasas locales o nacionales, los baños, la venta de tlayudas.

–Fideicomisos públicos sin estructura para recibir y administrar dinero que obtienen en las aduanas; mientras que a la sociedad civil el grupo político que gobierna hoy le prohíbe hacer fideicomisos, y le canceló 109 fideicomisos de 68 mil millones de pesos.

–Control de los bancos, puertos, trenes, áreas estratégicas de salud, aduanas. Un dineral que supera 158 mil millones de pesos imposibles de auditar por la sociedad civil (aunque ésta los paga), pues una vez entrado ese dinero a los cuarteles ya es considerado un asunto de “seguridad nacional”, aunque sea recoger sargazo en el Caribe, o la limpieza de los pasillos del aeropuerto de Santa Lucía.

Lo peor no es que reciban y hagan lo que quieran, sin rendir cuentas, con la quinta parte de los ocho billones de pesos del Presupuesto del país, sino que están cubiertos por el fuero militar. Todavía en otros sectores se pueden solicitar datos por el Instituto Nacional de Transparencia: cada vez más difícil, pero se puede aún.

Este escenario colocó al país en una ruta que, para salir de ella, a casi todos los demás países les costó sangre y muerte: la ruta del poder civil aplastado por la bota militar que, en el caso de México, es una bota muy pesada, porque su Ejército supera en efectivos a 13 ejércitos de la OTAN y maneja 435 millones de pesos diarios.

Los militares lo saben, porque (hay que recordarlo insistentemente) insistir cada vez que se pueda) ya “reformularon la doctrina”, algo que no hacían desde 1990, y que consiste en una nueva figura de su reorganización administrativa para redefinir su misión, su poder y sus cuantiosos recursos con vistas al próximo cuarto de siglo.

Claro que ya México es un régimen cívico-militar, pero no se nota de manera general, porque su impulsor, el presidente, lo oculta bajo su estrategia propagandística de decir casi 100 afirmaciones diarias falsas, engañosas o que no se pueden comprobar (según la cuenta de Luis Estrada). Desvía la atención para que se sepa.

Con un éxito total. Y muy duradero.