El embajador de México levantó su voz enérgica, alta y clara en contra del rezago en el respeto de los derechos humanos y los derechos civiles. ¿En Cuba? ¿En Nicaragua?, ¿En Rusia?, ¿En Venezuela? No, que va: en Estados Unidos.

Sí, Esteban Moctezuma olvidó toda la cautela, la contención y la templanza de su cargo, e hizo lo que, aun así, tiene que hacer un diplomático emanado de una democracia: defender, allí donde esté, los valores del mundo libre. Lo que cueste.

Lástima que Moctezuma no sea el embajador en La Habana, Managua, Moscú o Caracas para que, como en Estados Unidos, levantase su voz enérgica, alta y clara en contra del rezago en el respeto a los derechos humanos y los derechos civiles en esos países.

En Cuba, tendría que criticar el encarcelamiento de mil 167 por gritar “Patria y vida”, con condenas de hasta 30 años, incluidos niños. Y la practica del tráfico de personas, al usar a médicos como mano de obra esclava en países, como aquí en México.

Condenar que, a esos médicos, les quitan el pasaporte en el país adonde llegan y, como en México, el contrato es de 10 mil 700 dólares mensuales de salario por médico, pero éstos reciben sólo 200 dólares, y únicamente al regresar a Cuba.

En Nicaragua, que el sátrapa Daniel Ortega cerró 700 organizaciones civiles, decenas de diarios, emisoras de radio y universidades; que asesina a opositores, periodistas y sacerdotes; y encarceló a todos los candidatos presidenciales de la oposición.

Si fuera embajador en Venezuela, Moctezuma entonces criticaría que el régimen capturó el órgano electoral y ahora es el gobierno quien cuenta los votos; y que usa al Ejército para impedir el ingreso de los opositores al Congreso.

O que la dictadura ha asesinado a cinco mil 94 opositores políticos y detenido sin órdenes judiciales a otros tres mil 479, según la ONU: “Crímenes de lesa humanidad cometidos y coordinados de conformidad con las políticas del Estado y responsabilidad directa de Maduro, su número dos y la cúpula militar”.

Y si estuviera en Moscú, pues condenaría al gobierno de Putin por la violación a la libertad de expresión, prohibición de reuniones públicas de la oposición, enjuiciamientos con cargos falsos a disidentes, periodistas y activistas de derechos humanos.

Pero, no juguemos con las palabras, el embajador mexicano en Estados Unidos levantó su voz enérgica, alta y clara en contra del rezago en el respeto de los derechos humanos y los derechos civiles en Estados Unidos, porque sabe que allí respetan su investidura.

En cambio, en Cuba, Nicaragua, Rusia y Venezuela lo suben a un avión y lo mandan directo a la oficina donde hacía colectas hasta 2018.

Faltaba más.