Es ley básica de la decencia: uno tiene que ser superior a lo que hace. Es algo que no cumple el grupo político que está en el poder hoy. La Jefa de Gobierno, y su segundo al mando, vivieron las últimas tres décadas de tomar las calles. Pero ayer fueron cicateros con la marcha en favor del INE.

Claudia Sheinbaum inventó una contingencia ambiental en domingo para restringir el libre tránsito e inhibir la manifestación; la señal de internet, controlada por su administración, fue la peor de los últimos meses, lo cual refrenó la divulgación en vivo de la reunión popular, que agrupó a unas 640 mil personas.

Martí Batres informó oficialmente, desde su cargo, que participaron 12 mil personas. Una postura roñosa por parte de un servidor público que, si de algo sabe, es de chancletear en las calles, porque fue eso lo que lo condujo al puesto donde cobra hoy: el sabe que, por simple regla de metros cuadrados, la cifra fue mayor a 600 mil.

Pero la guerra de números es irrelevante: la verdad de los hechos es que se fue una respuesta masiva, disciplinada, correcta y educada, civilizada y democrática contra las propuestas, las políticas y las actuaciones del Jefe de Estado que, en la verdad de los hechos, es sólo líder de un grupo, pues no gobierna para todos.

Porque el Jefe del Ejecutivo en México lesiona a diario la dignidad y el buen nombre de quienes no están de acuerdo con sus propuestas o políticas, como en el asunto que provocó la marcha, que es capturar los órganos electorales del país con 60 consejeros y magistrados propuestos, en la verdad de los hechos, por él mismo.

Sí, porque él pondría a 20, los partidos (él controla todos, menos al PAN) a 20 más, y el Poder Judicial (que él mangonea en su mayoría, empezando por el presidente de la Corte) a 20. Éstos 60 propuestos, de manera sesgada de origen, irían a elecciones. Y se sabe que las campañas son ganadas por quienes reparten más lana.

Ahora, a quienes no están de acuerdo con esa propuesta suya (que también son sus gobernados y está obligado a respetar) el presidente le dijo en la última semana, de acuerdo con la cuenta de Joaquín López-Dóriga, en su columna de Milenio:

“Rateros, clasistas, hipócritas, achichincles, despistados, racistas, aspiracionistas, fifís, cretinos, corruptazos, vulgares, ambiciosos, mentirosos, farsantes, corruptos, matraqueros, inmorales, saqueadores”.

Antes, en una relación hecha por Gabriel Zaid, les había dicho:

“Blanquitos, camajanes, cínicos, desvergonzados, fichitas, fresas, gacetilleros vendidos, hampones, hipócritas, ingratos, ladrones, lambiscones, machuchones, mafiosillos, maleantes, malhechores, mañosos, mugrosos, ñoños, paleros, rufianes, peleles, pillos, piltrafa moral, pirrurris, eñoritingos, siniestros, títeres, traidorzuelos, vulgares, zopilotes, carteristas”.

Pues no, para nada son superiores a lo que hacen.