Al final, todo lo que hace el presidente en el rato que trabaja en la mañana, es para no tener que rendir cuentas por la gestión para la cual fue elegido: ahora reflotó el cuento de la reelección, a través de un Proyecto de Ley o Decreto, propuesto por un testaferro menor de Morena en el Congreso de la CDMX.

No importa que el mandatario haya montado un show el 19 de marzo de 2019, en el que mostró un papel firmado en el se comprometía a no reelegirse, porque es maderista y tiene convicciones y tiene ideales y no le gusta el poder y no traicionará a sus principios y es partidario del sufragio efectivo y no reelección.

Sí: y apenas el 13 de septiembre dijo que hará una consulta popular sobre la Guardia Nacional: es decir, tres años después del fin constitucional de su mandato, en 2027. Quiere decir que buscará la manera de reelegirse, o mangonear a quien lo sustituya.

El mismo día, el secretario de la Defensa, que recibe del presidente la quinta parte de los ocho billones del presupuesto del país, llamó malos mexicanos a quienes se atreven a criticar y estar en contra del presidente. Quiere decir que el Ejército le hace el juego.

Pero, además de la propuesta del testaferro morenista en la bancada de la Jefa de Gobierno para que el mandatario se pueda reelegir, como Hugo Chávez, Evo Morales o Daniel Ortega, el propio

presidente ha dejado claro que no será la Constitución la que decidirá el fin de su mandato, sino Dios y la gente.

“Me voy tranquilo si me lo permiten la gente y el Creador”. “Yo termino, si así lo decide la gente, en 2024, y dejo la política”. Según las cuentas que hace Luis Estrada, el presidente ha pronunciado más de 160 veces la palabra “reelección”, porque “lo nuevo no acaba de nacer, nos falta tiempo para consolidar lo hecho”.

La iniciativa pide reformar el Artículo 83 de la Constitución. Es llamativo que los invitados de honor a las dos últimas Fiestas Patrias, el gobernante designado cubano; y este año Evo Morales, quien gobernó desde 2006 hasta que en 2019 tuvo que huir tras robarse otras elecciones.

Además, el presidente vota en foros internacionales con gobiernos de gobernantes que se reeligen: Rusia, Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Corea del Norte, China, Senegal, Eritrea, Libia, Mauritania, Gabón, Namibia, Armenia, Pakistán, Sudán, Somalia.

Así es el populismo: desde el 2000, un total de 30 presidentes populistas se reeligieron a través de diferentes métodos, eliminando los contrapesos del Estado de Derecho que los condujeron al poder en comicios imparciales. El presidente lo sabe.

Y se divierte con la idea.