Caso perdido: la semana registró un fusilamiento masivo en Michoacán, una masacre en Puebla, barbarie sangrienta en estadio de Querétaro, asesinato de un cineasta en la CDMX. Y el presidente insiste en que la solución al crimen es moralizar a la gente.

El Jefe del Ejecutivo consideró ayer que la violencia que vive México es producto de la desigualdad social. Se está disparando él mismo en un pie: vamos, si el crimen es producto de la desigualdad, entonces su gobierno es el que menos igualdad ha conseguido.

Sí, porque en los primeros 38 meses de este gobierno han sido asesinados 113 mil 508 mexicanos; mientras que en el gobierno Vicente Fox se registraron 43 mil 77; en el de Calderón (45 mil 417) y en el de Peña (67 mil 338).

Además, según el propio gobierno, nada más el año pasado aumentó en 2.1 millones el numero de pobres extremos en el país, lo cual significó un aumento de 8.7 a 10.8 millones de personas que no tienen para comer, de 2020 a 2021.

Quiere decir que de nada han valido los programas sociales que presume el actual gobierno para eliminar la pobreza, a lo cual dedica supuestamente 3.4 billones de pesos para personas pobres,  indígenas, afromexicanas y mujeres.

Sí: este gobierno ejerce tres billones y medio de pesos a través de los programas sociales, que es prácticamente la mitad de todo el presupuesto federal programado para 2022, que es de siete billones de pesos.

De modo que, si nos guiamos por la tesis presidencial de que la inseguridad acaba si es reducida la desigualdad, quiere decir que el fracaso del gobierno en este tema es de nivel catástrofe, pues van asesinados 113 mil 508 mexicanos: uno cada 17 minutos.

En la medición mundial de inseguridad, el pasado año México registró un total de 33 mil 315 asesinatos, y acabó como el tercer país con más asesinatos en el planeta, detrás de Brasil (50 mil 33) y la India (42 mil 879).

En el comparativo global de homicidios por cada cien mil habitantes, México es sexto (26.8 por ciento), después de Jamaica, Venezuela, Honduras, Bolivia y Sudáfrica. Nótese que Venezuela, Honduras, Bolivia tienen gobiernos similares al de México.

¿Adonde van entonces esos 3.4 billones de pesos dedicados a combatir la desigualdad que, según el presidente es la causa de la alta criminalidad que azota al país? Es evidente que van a la compra de votos para las elecciones de turno.

Al igual que hacen los gobiernos de Venezuela, Honduras, Bolivia que son también los países más pobres del continente, lo cual indica que el populismo es un productor de pobreza y de alta criminalidad.

Eso es populismo.