El debut mediático de vergüenza ajena de la secretaria de Educación demostró que, en el gen de la actual manera de gobernar, está enraizado el síndrome “Juanito”, aquel pobre diablo a quien el hoy presidente le dijo: “Tú vas a ganar, pero no te la vas a creer”.

La recién designada titular de la SEP, tardó 20 aciagos segundos en contestar que no tiene idea sobre qué hacer para que los alumnos aprendan matemáticas. Y tiene razón, pues su nombramiento responde a la tesis de su jefe de: “No te la vas a creer”.

Pero fue el tristemente célebre Caso Juanito el que inauguró la marca registrada del estilo del mandatario mexicano para gobernar, a través de personajes sin criterio propio que, por simpatías o conveniencia política y personal, aceptan ser sus floreros.

Sucedió en 2009, para imponer a Clara Brugada como delegada en Iztapalapa, la delegación capitalina que más le interesaba, porque su presupuesto de tres mil millones de pesos fue su caja chica para continuar en campaña presidencial después de 2006.

El ahora presidente se subió a un templete de campaña y mandó que subiera un personaje de los trajines del pueblo, que jalaba un diablito y vendía paletas. Se llamaba Rafael Acosta y usaba una cinta en la frente, al estilo de su ídolo deportivo Julio César Chávez.

Le informó: “A ver Juanito, ¿te dicen Juanito? Tú vas a competir para ser delegado y vas a ganar, pero no te la vas a creer y vas a renunciar para que Marcelo Ebrard, como Jefe de Gobierno, le haga la propuesta a la Asamblea para que Clara sea quien gobierne”.

Y así sucedió: Juanito ganó y Ebrard mandó a cambiar la ley para que Clara Brugada gobernara Iztapalapa y la delegación siguiera siendo la más insegura, pobre y abandonada de la ciudad, sin agua corriente, porque su presupuesto se iba en la campaña eterna.

El Affaire Juanito empezó porque Brugada era la Procuradora Social de Ebrard, y renunció para competir en las internas del PRD para jefe delegacional. Le ganó a Silvia Oliva, pero con irregularidades. Así que el Tribunal le anuló el triunfo y se lo dio a Oliva.

Pero el hoy presidente le negó la candidatura a Oliva. Sin embargo, ya las boletas electorales tenían el nombre de Clara Brugada y tuvo la idea de colocar como candidato al vendedor de paletas llamado Juanito, con lo cual inició una manera de gobernar en México.

Nació el estilo Juanito, para nombrar fantoches en cargos de elección popular, puestos de gobierno, con la condición de acatar las órdenes de quién los nombró. Hoy sucede hasta en la Corte, como es el caso de Yasmín Esquivel Mossa.

Así estamos.