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El enfrenamiento del presidente con Joe Biden, desde que tardó 42 días en reconocer su triunfo, es parte de su campaña para ayudar a que su colega populista Donald Trump retorne en 2024 a la Casa Blanca.

Sin embargo, ya la campaña pasó de desaires y picaduras de cresta para chocar con la lana: si el presidente no se arregla en 75 días con Biden, tendrá que pagar 30 mil millones de dólares en aranceles.

Entonces se arreglará en esos 75 días, como con Trump en mucho menos tiempo y por mucha menos lana: Trump lo amenazó apenas con aranceles al acero, si no ponía un muro de soldados en la frontera.

Hasta ahora, Biden le aceptó hasta media hora de cháchara populista en plena Casa Blanca, a cambio de la decisión política del presidente de convertir a México en el muro que soñó Trump.

Sin embargo, lo que falta es ver si Biden mantendrá su status quo frente al escalamiento de la retórica anti estadounidense del presidente, a los niveles de bastedad política, verbal y diplomática actuales.

Ya se le pasó la mano: hizo campaña personal para boicotear la Cumbre de las Américas en Los Ángeles. No sólo no fue él: le pidió a Xiomara Castro, Alberto Fernández y Luis Arce de Bolivia que no fueran.

El día de la independencia de Estados Unidos pidió desmontar la Estatua de la Libertad. El día en que Washington acusó a Cuba de traficar con los médicos, anunció que ya tenía médicos cubanos en México.

Para seguir haciendo campaña por Trump sólo le falta abrir la frontera para que cruce a Estados Unidos todo el que le dé la gana y crearle a Biden una crisis migratoria, como la de Fidel Castro a Carter en 1980.

Sin embargo, la pasada de rosca en ayudar a Trump poniendo en ridículo a Biden lo agarra sin el dinero necesario para pagar lo que costará la permanencia de Morena en el poder en 2024, que será muchísimo.

Por ejemplo, la aplicación de aranceles a quien más le pegaría es a su base social, que trabaja en los sectores más débiles de nuestra economía, como la agricultura de exportación, la maquila, industria del plástico…

Juntos, esos sectores le reportan a México el 37 por ciento de su PIB, más el seis por ciento que le reportan las remesas. Además, la inversión extranjera en México es, en estos momentos, intrascendente.

Y sin dinero a pasto no podrá hacer que Morena gane, por mucho que debilite al INE, controle a los medios, agarre del cuello a los empresarios, dirija la narrativa desde la Mañanera o agite políticamente a su grey.

Porque su control electoral se basa en las dádivas.