La idea del presidente de que su aliado cibernético y político Vladimir Putin reciba una tregua de Ucrania para recuperar fuerzas antes de su próxima ofensiva, lo que hizo fue recordar que México es el país con más espías rusos en el mundo.

No olvidemos que el gobierno mexicano decidió por decreto reservar hasta 2028 la información sobre agentes secretos de Moscú, que espían desde aquí a Estados Unidos, pues “de conocerse esa información, afectaría la imagen de México”.

Y que la propuesta del presidente para que el casi derrotado ejército ruso tome un aire, fue un día después de que Estados Unidos desclasificó documentos que confirman que Rusia financió a políticos y partidos en América Latina para que llegaran al poder.

En marzo, cuando Morena llevó al embajador ruso al Senado para apoyar la invasión a Ucrania, Estados Unidos aseguró que Rusia tiene más espías en México que en cualquier otro país. Y, en su visita al Senado, el embajador dijo: “Rusia y México son aliados”.

Los agentes rusos realizan las acciones más oscuras contra sus enemigos en países donde actúan. Aquí, uno asesinó a Trotsky, con apoyo de la corriente política en la que tienen sus raíces los que gobierna hoy. La historia no se repite, pero alecciona.

Después que el Jefe del Comando Norte de Estados Unidos, general Glen VanHerck, reveló que México es un nido de espías rusos, El Universal pidió información sobre el tema al gobierno mexicano, a través del mecanismo de Transparencia.

Sin embargo, le fue negada su petición con este argumento:

“Su divulgación afectaría la imagen de México en el exterior, implicaría menoscabo de la convivencia armónica entre los sujetos internacionales y vulnera la confianza del intercambio de información”.

Apenas en junio, hizo escala aquí un avión de matrícula venezolana procedente de Rusia y piloteado por un terrorista buscado por el FBI, llamado Gholamreza Ghasemi y ubicado como alto mando de La Guardia Revolucionaria de Irán.

El avión es de Nicolás Maduro y transporta a iraníes y venezolanos. Voló a través de Irán, Venezuela, Rusia y México. Paraguay y Uruguay le prohibieron bajar para repostar gasolina, pero sí aterrizó en Buenos Aires, Argentina, donde permanece detenida.

En Querétaro, cargó autopartes. Pero la escala es un misterio, pues la Secretaría de Comunicaciones, Infraestructura y Transportes no le dio permiso para servicio de carga, ni la Secretaría de Economía le autorizó la operación en calidad de empresa extranjera.

Desde junio, la nave está retenida en Argentina a pedido de la Casa Blanca, por estar vinculado con armas, financiamiento, inteligencia y logística para el terrorismo iraní, y violar la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Todo está detrás del apoyo del presidente a Rusia.