Ricardo Anaya a por todo


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Manuel AjenjoEl Privilegio de Opinar

Hace poco más de un año, el expresidente nacional del Partido Acción Nacional (PAN), Gustavo Madero Muñoz, planteó que se firmara un pacto de unidad entre los aspirantes a la Presidencia de la República de dicho partido y el líder nacional, Ricardo Anaya Cortés, en el que se definirían reglas en relación con el proceso interno para el 2018 y que todos se comprometieran a respetarlas. Las palabras de Madero le entraron, a Ricardo Anaya, por el oído derecho y le salieron por el izquierdo. Para entonces, “el chico maravilla”, al que el chihuahuense Madero hizo secretario general del partido cuando lo presidió y luego lo dejó como interino en la presidencia mientras gestionaba los requisitos para hacerse diputado, ya traía entre ceja y ceja la idea de ser el candidato albiazul para la máxima magistratura de la nación, al precio que fuera. De ahí que terminado su interinato, el político al que la periodista Ivonne Melgar le endilgó el calificativo de tener “cara de niño de secundaria” se postuló para la presidencia del partido en el que, según declaró a Adela Micha, milita desde que tenía 15 años, eso consigna el periodista tapatío Salvador Camarena, en la semblanza titulada: Ricardo Anaya, la máscara detrás de la sonrisa, publicada en el libro Los Suspirantes, 2018, coordinado por Jorge Zepeda Patterson.


Hace poco más de un año, el expresidente nacional del Partido Acción Nacional (PAN), Gustavo Madero Muñoz, planteó que se firmara un pacto de unidad entre los aspirantes a la Presidencia de la República de dicho partido y el líder nacional, Ricardo Anaya Cortés, en el que se definirían reglas en relación con el proceso interno para el 2018 y que todos se comprometieran a respetarlas. Las palabras de Madero le entraron, a Ricardo Anaya, por el oído derecho y le salieron por el izquierdo. Para entonces, “el chico maravilla”, al que el chihuahuense Madero hizo secretario general del partido cuando lo presidió y luego lo dejó como interino en la presidencia mientras gestionaba los requisitos para hacerse diputado, ya traía entre ceja y ceja la idea de ser el candidato albiazul para la máxima magistratura de la nación, al precio que fuera. De ahí que terminado su interinato, el político al que la periodista Ivonne Melgar le endilgó el calificativo de tener “cara de niño de secundaria” se postuló para la presidencia del partido en el que, según declaró a Adela Micha, milita desde que tenía 15 años, eso consigna el periodista tapatío Salvador Camarena, en la semblanza titulada: Ricardo Anaya, la máscara detrás de la sonrisa, publicada en el libro Los Suspirantes, 2018, coordinado por Jorge Zepeda Patterson.

Pero los registros de Acción Nacional acreditan que fue hasta el año 2000 —con 21 años de edad— cuando Ricardo Anaya se adhirió al panismo. Tan sólo en un año logró ser candidato a una diputación local por el XIV Distrito de Querétaro, elección que perdió. En el 2003, su padrino político, Francisco Garrido, gana la gubernatura queretana y nombra a su pequeño saltamontes, su secretario particular. Fue Garrido quien le impuso el apodo de “El Cerillo” —sobrenombre que lo encabrona sobremanera— según decires regionales el remoquete se le impuso debido a que a todo a lo que se acercaba, lo quemaba. Váyase usted a saber si lo quemaba para bien o para mal. El caso fue que desde la secretaría particular del gobernador, Anaya Cortés se convirtió en el hombre fuerte de la administración. En el 2009 fue diputado en la LVI legislatura del estado de Querétaro donde fungió como coordinador del grupo parlamentario, de ahí pasó a dirigir el Comité Ejecutivo del PAN en la entidad, desde donde dio el brinco a las grandes ligas: Primero como subsecretario de Planeación Turística en el equipo de Felipe Calderón. Ya en la capital se relaciona con Roberto Gil Zuarth, secretario particular del presidente Calderón, quien, posteriormente lo enchufa en la campaña de Josefina Vázquez Mota, al mismo tiempo contiende por una diputación federal de la LXII legislatura que gana y bajo la tutela de Gustavo Madero fue enviado a la Comisión Permanente. Lo demás es historia reciente, traicionó a Madero para apoderarse del partido a partir de agosto del 2015, consiguió que Margarita Zavala, su más seria competidora de cara a la elección por la grande en el 2018, renunciara al partido y traicionó a Rafael Moreno Valle y a otros panistas a los que les prometió no usar la presidencia del partido para promover su candidatura a la presidencia de la República.

El domingo el joven de 38 años, que fue adulto desde niño, presentó su precandidatura por la coalición Por México al Frente, rodeado de personajes importantes de la política nacional como Gustavo Madero —la traición es inherente a la política—, Jorge G. Castañeda, Diego Fernández de Cevallos, Enrique Alfaro y Dante Delgado —figuras de Movimiento Ciudadano— Manuel Granados, Jesús Zambrano y su compañera creadora del Frente Alejandra Barrales. Además, 11 de los 12 gobernadores panistas, con su presencia, le brindaron su apoyo. Sólo faltó Toni Gali —Moreno Valle no le dio permiso de asistir.

En su discurso Ricardo Anaya Cortés —lo cortés no quita lo canalla ni lo gandalla— fustigó a los gobiernos panistas de Fox y Calderón a los que responsabilizó de no haber desmantelado las estructuras de corrupción instauradas por el PRI.

Salvador Camarena consigna en su semblanza una definición del columnista Enrique Aranda: “Nada, ni siquiera su desmedida ambición de poder y su incontrolada afición a los reflectores y ‘a dejarse ver’ en primeras planas, define mejor al cuestionado (…) Ricardo Anaya Cortés que su aversión al riesgo, al ridículo público y, más, su inocultable terror al fracaso político”.

LA BUENA Y LA PEOR

El presidente de cierta república se percata que en una barda frente a la casa presidencial alguien escribió un grafiti: “El presidente es culero”. Enojado el Mandatario, se percata de que el letrero está escrito con orines. Pide ayuda de la secretaría de Seguridad y les ordena que hagan una investigación sobre el letrero.

Los agentes policiacos inician sus investigaciones y al otro día se hacen presentes ante el Ejecutivo para rendir su informe: Señor, efectivamente el letrero fue escrito con orines, razón por la cual le tenemos dos noticias una mala y otra peor. La noticia mala es que, según las pruebas de ADN, la orina del letrero es del vicepresidente de la república.

No puede ser —exclamó el presidente indignado— mi propio vicepresidente me traiciona. ¿Y cuál es la peor?

La noticia peor —le informan— es que la letra es de la Primera Dama.

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  1. Los seis dedos de Aurelio

    Nació de parto normal. En un principio nadie lo percibió. El obstetra se ocupó de los detalles importantes como el corte del cordón umbilical y la llamada prueba de Apgar que sirve para evaluar el latido del corazón, la respiración, el tono muscular, la respuesta de reflejos, el color y el género al que pertenece el recién nacido. En este caso fue un varón y superó la prueba con solvencia.

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