Minuto a Minuto

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Hay algo que agradecerle a Donald Trump y eso es que nos da la oportunidad de aprovechar sus amenazas y sus acciones previas a convertirse en presidente en funciones de Estados Unidos, así como de salir de la zona de confort en la que estamos instalados.

¿Cuántas veces hemos escuchado que México debe diversificar su comercio y no depender sólo de Estados Unidos? Miles de veces y durante varias décadas.

México presume de que es uno de los países del mundo que tiene más acuerdos de libre comercio firmados, pero con todo ese catálogo lo más cómodo es surtir al mercado del norte: el más grande, el que más consume y el que más ha aceptado nuestras manufacturas.

Será a partir del viernes de esta semana cuando tengamos una idea más clara sobre la clase de presidente que será Donald Trump: si es uno que juega con las reglas o uno que impone su voluntad sin importar lo que dicten sus leyes, los acuerdos internacionales y las organizaciones globales.

Si en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Estados Unidos respeta a sus dos socios, el resultado puede ser no tan malo para dar vida a un acuerdo que se modernice.

Si Trump quiere simplemente imponer su voluntad y violar los principios del propio acuerdo y de la Organización Mundial de Comercio, podría desatar una guerra comercial global de la que hay malos augurios para naciones dependientes como la nuestra.

Lo que hay que saber antes de hacer cualquier clase de pronóstico sobre el resultado de las negociaciones comerciales o del impacto migratorio de la relación bilateral es si Donald Trump será un presidente estridente pero de instituciones o si estamos ante los intentos del magnate de seguir los pasos de su promotor Vladimir Putin.

Hasta ahora, México es presentado como un país aprovechado de la inocencia política estadounidense; sus ciudadanos forman parte del catálogo de la peor escoria social que enfrentan en ese país.

Trump no nos ubica como vecinos, como socios, tiene a México y a los mexicanos a la altura de una amenaza para su país, al grado tal que es necesario construir un muro de defensa de aquellos desalmados del sur.

Sin embargo, lo que realmente cuenta es cómo actúe a partir del viernes, cuando tenga en sus manos el poder de tomar decisiones. Puede ser un personaje arrogante, soberbio y hasta grosero, pero si se guía por las leyes quedará acotado.

O bien puede simplemente dictar en el nombre de sus ideales y con ello meter en una crisis política a su país y al mundo en una convulsión.

Si se pone en el plan de Noroña que va y roba a una gasolinera porque cree que así hace justicia, entonces tendremos en nuestra frontera norte a un pendenciero con acceso al botón nuclear.

Lo que seguirá pesando esta semana en los mercados financieros es la incertidumbre. Es un hecho que de aquí al viernes Trump seguirá calentando el ambiente, sobre todo vía Twitter.

Hasta no descubrir si veremos a un presidente de Estados Unidos institucional o autoritario no podremos calcular el rumbo. Y eso se llama incertidumbre.